domingo, 18 de julio de 2010

CRIMENES DE ESTADO, FALSOS POSITIVOS Y RESPONSABILIDADES

Leyendo la ultima edición (18 de julio de 2010) de la revista "semana" me encontré con un articulo mas acerca de los crímenes perpetrados por la fuerza publica colombiana y que los medios en su afán de esconder la verdad, han dado en llamar "falsos positivos".

En el mencionado articulo, cuyo link anexo al final de esta entrada del blog, resultan evidentes las atrocidades cometidas por los militares en la búsqueda del éxito profesional; que en los últimos 8 anos se ha medido en Colombia por el numero de muertos, que el hacendado presidente, usando una típica terminología castrense, empezó a llamar "positivos", como si las muertes de esta guerra interminable pudiesen ser realmente positivas para alguien.

No me sorprende para nada que el juez penal militar, Alexander Cortés, que valerosamente trasladó las investigaciones de estos crímenes a la justicia ordinaria, haya sido destituido, es algo que ha ocurrido y seguirá ocurriendo en esa farsa de justicia que es la penal militar.

Tampoco me sorprende que la directora de la justicia penal militar, Luz Marina Gil, haya tenido que renunciar a su cargo por la presión de los afectados por las investigaciones. Pero lo que definitivamente es indignante y que rebasa todas las normas del respeto a la memoria de los difuntos y sus deudos, es que el general Jorge Rodríguez, comandante de la Brigada 17 en control de operaciones del Batallón Voltigeros de Carepa, Antioquia, en donde se presentaron al menos 17 casos de asesinatos (falsos positivos) documentados por el juez Alexander Cortes, haya sido nombrado jefe de derechos humanos del ejercito.

Pero no voy a extenderme escribiendo acerca de lo que ya todos sabemos y que la revista "semana" presenta en el articulo mencionado.

Quería mas bien escribir acerca de la responsabilidad que le cabe a los asesinos, encubridores, planificadores y en última instancia a la sociedad que elige a estos y aquellos cegándose cobardemente ante la evidencia.

Acerca de la responsabilidad de los asesinos y encubridores es obvio que en en un juicio que cumpla con las normas básicas del derecho penal debiesen recibir condenas proporcionales a su delito, es decir, en el caso colombiano, la máxima pena de prisión.

Pero lo que suele ocurrir en estos casos, cuando ocurre algo lo cual casi nunca pasa, es que asesinos y encubridores terminen con simples sanciones disciplinarias como multas, descuentos de salarios, suspensiones o en el peor de los casos destitución de sus cargos.

Ojala algún día la justicia penal internacional, que debiese tener una corte especial para juzgar los crímenes de estado en Colombia como la tuvo para Ruanda o la Ex Yugoeslavia se encargue de juzgar los crímenes de estado colombianos, por que esta probado que la justicia colombiana es incapaz de hacerlo.

Pero la responsabilidad se diluye cuando hablamos de quienes planifican la guerra lucrándose de ella, y ni hablar de la responsabilidad que le cabe a la sociedad en pleno por permitir y apoyar con su voto a los asesinos, encubridores y planificadores

Desde una perspectiva ética, que se puede esperar de una sociedad que sabe a ciencia cierta que sus dirigentes planifican y encubren crímenes como los que han ocurrido en Colombia en los últimos 40 años y a pesar de ello siguen eligiendo a los mismos asesinos ? Es esta sociedad cómplice por omisión de los crímenes de sus dirigentes ?

Si bien es cierto que es imposible endilgar una responsabilidad colectiva directa a un grupo humano tan heterogéneo como puede llegar a ser el colombiano, también resulta evidente que la indolencia de sus asociados ha permitido que sus dirigentes sigan en el poder y no han dado paso a transiciones realmente democráticas que permitan juzgar a los asesinos como ocurrió en Perú, Argentina y Chile, para poner tres ejemplos cercanos, que vivieron periodos similares de guerra sucia, pero a diferencia de Colombia, allí, una buena parte de los crímenes fueron juzgados y condenados, la sociedad hizo la transición necesaria y se reconcilio con el pasado para asumir el presente y mirar sin vergüenza al futuro.

El caso colombiano es distinto, es una sociedad que premia la picardía, es una sociedad en la que la maquiavélica forma del fin justifica los medios ha calado como nunca antes en la historia en el inconsciente colectivo.

Si pudiésemos hablar de responsabilidad colectiva, tal vez el castigo que recibe el pueblo colombiano por su indolencia y apatía ante los crímenes de estado, sea precisamente el de mantenerse subyugado por sus verdugos “Per Secula Seculorom”

http://www.semana.com/noticias-nacion/casos-olvidados-falsos-positivos/141863.aspx

sábado, 10 de julio de 2010

FESTIVAL DEL RECUERDO


Escribir un blog suele ser un dialogo consigo mismo que decidimos compartir con algunas personas a quienes consideramos lo suficientemente cercanas para que conozcan nuestros pensamientos, es un ejercicio que se hace en soledad y que pretende alejarnos de ella.

Esta entrada la titule "Festival del recuerdo" por que en los últimos seis meses me reencontrado con personas de mi pasado cuya presencia había desaparecido casi por completo, algunas por las distancias que la vida misma nos va imponiendo y otras por la distancia que nos vemos obligados a imponernos a nosotros mismos.

La familia Obando cuyo amor hizo mi infancia menos miserable de lo que fue; Juan Andrés Posada amigo de mis primeras y mejores rumbas y Claudia Delgado, amiga y compañera de estudios universitarios.

Todos hacen parte de etapas diferentes y todos ellos llevaban entre 15 y 20 años ausentes de mi vida, pero no de mis recuerdos. Gracias al Facebook volvimos a encontrarnos; una nueva utilidad del Internet que se une a las ya casi innumerables e inimaginables ventajas que esta maravilla de la ciencia nos ha dado la oportunidad de disfrutar.

La familia Obando fue mi familia adoptiva y no por que no tuviera una propia, mis abuelos hicieron lo mejor que pudieron después de la temprana muerte de mi madre, pero Doña Nelly Estrada y Don Raúl Obando fueron como unos padres para mi. Eran en realidad los padres de uno de mis mejores amigos de la infancia: Juan Raúl, pero me adoptaron como su hijo y me trataron como tal, yo en su casa me sentía mejor que en la que me pertenecía, jugaba a ser feliz, allí pase sin lugar a dudas los mejores momentos de una infancia escasa en felicidad. Ellos tuvieron el primer televisor en color y el primer betamax que conocí en mi vida (para los lectores jóvenes, si es que hay alguien menor de 25 que haya pasado del primer párrafo) hubo una época en que las imágenes de la televisión eran a blanco y negro y las películas se veían en un aparato que se llamaba betamax, que era del tamaño de seis reproductores medianos de DVD puestos uno sobre otro en dos filas de tres unidades cada uno.

Con los Obando aprendí que las diferencias familiares se solucionan con el dialogo, que los padres se respetan y que están allí siempre para dar amor a sus hijos; y yo me sentí siempre como uno mas de sus hijos y ya tenían cinco y esperaban el sexto, tanto me querían que esperaron a que yo cumpliera 14 años para poder ser el padrino de bautizo de su ultimo hijo, Esteban; en aquellos días fue la muestra mas grande de afecto y confianza que pude recibir. Resulte ser un pésimo padrino y supongo que si la iglesia católica se enterara que ahijado y padrino resultaron ateos por caminos diferentes nos excomulgarían a los dos, lo cual, dicho sea de paso, no nos importaría ni a Esteban ni a mi.

Un día cualquiera y casi son darnos cuenta la familia Obando y yo tomamos caminos diferentes y pasaron algo mas de veinte años y mi ahijado creció, mis "padres adoptivos” envejecieron y yo les sigo con tal velocidad que creo que algún día no muy lejano les alcanzare, por que al final de nuestros días la vejez nos convertirá en contemporáneos de quienes algún día fueron nuestros padres.

Yo llevaba algún tiempo buscando rastros de la familia Obando ; introducía en el buscador de google los nombres claves y luego de muchos intentos fallidos, un día apareció la pagina del Facebook de Esteban, en su foto no estaban los rasgos del niño que fue mi ahijado y por eso dude en escribirle, sin embargo recibí su respuesta; efectivamente era él, pero el niño se había convertido en hombre y los carritos que pensaba regalarle y que le había guardado para cuando nos volviéramos a encontrar ya no le servirían para nada. Escuchar por teléfono a Estaban, Juan Raúl y Doña Nelly fue como viajar en el tiempo y a partir de aquel momento me propuse visitarlos, no fuera que la muerte, que acecha en cada esquina, me quitara la oportunidad de reunirme con ese pedazo de la infancia y de recuperar de alguna manera a través del recuerdo la felicidad que aquellos seres maravillosos me brindaron y que nunca podré terminar de agradecerles.

Cuando llegué a casa de los Obando Doña Nelly me reconoció de inmediato, ella no sabia que yo iba a visitarles esa noche, me dijo: "Esos ojitos no se me olvidan nunca", me sonroje, le di un abrazo cuya fortaleza pretendía compensar los miles de abrazos que deje de darle en los últimos veinte años y nos sentamos a hablar como en aquellos días de la infancia, la numerosa familia Obando ahora era mas numerosa gracias a los hijos de los hijos. Y yo, el hijo prodigo, había vuelto, por unas pocas horas, pero había vuelto a abrazarles, a decirles que a pesar del tiempo y la distancia los amaba, que nunca deje de amarlos y que como dijera la abuela de "La increíble y triste historia de la Cándida Erendira y su abuela desalmada" : No me alcanzara la vida para pagarles.

Siguiendo con el "festival del recuerdo", hace una semana me encontré con Juan Andrés Posada, un amigo de los ochentas con quien llevaba también poco mas de veinte años sin hablar, ahora vive en San Francisco; es uno mas de los cuatro millones de Colombianos que emigramos, que dejamos atrás esa "mala patria" como la llama acertadamente Fernando Vallejo en algunos de sus libros.

Juan Andrés no ha cambiado nada, sigue siendo el mismo joven de gran corazón que conocí en 1988 y físicamente pareciera que se hubiera anclado en esa maravillosa edad en la que los rasgos de la madurez aun no aparecen, probablemente tengan razón quienes afirman que la mejor forma de eludir los estragos del envejecimiento sea mantenerse joven de espíritu, yo sin embargo creo que las cremas antienvejecimiento si funcionan, por que Juan Andrés las usa y parece que tuviera 25 y yo que jamás he comprado una crema distinta a la de dientes, ya parezco un anciano. La pasamos muy bien, hablamos obviamente del pasado, de ese pasado que compartimos y del otro también. Pero el presente se hizo presente y hablamos de el, ni bueno ni malo, simple presente para el y para mi, hablamos de lo que pudimos hacer con nuestras vidas y de lo que hicimos con ellas y hablamos del futuro, poco, casi nada, como si le tuviéramos miedo, como si no fuera con nosotros, como si no existiera. Y tal vez no exista, por que la verdad es que casi nunca coincide este presente de nuestras vidas con el futuro que alguna vez nos imaginamos cuando éramos presente en el pasado.

Claudia Delgado acaba de llegar a Canadá, aun no ha vivido su primer invierno, no sabe de la tristeza de los días de siete horas; ni de las nevadas eternas, llego con su familia, vivirán juntos el "proceso" de ser inmigrantes, se apoyaran mutuamente y sus triunfos o fracasos serán compartidos, haciendo los primeros mas memorables y los segundos mas llevaderos.

Si hay algo que sinceramente envidio de las familias es esa posibilidad de compartir sus vivencias; los solteros "amargados" escribimos blogs.

Fuimos compañeros de clase en la universidad, hoy hablamos de nuestros profesores, de algunos verdaderos maestros como los catedráticos: Julio Cesar Uribe Acosta, Vladimiro Naranjo, Calixto Montenegro o German Bustillo y de un profesorcito de nombre Rodrigo Escobar Gil, con ínfulas de magistrado y que curiosamente tiempo después se hizo magistrado, mas por apellidos que por méritos y que tuvo la desfachatez y el descaro de reprobarme en derecho administrativo obligándome a estudiar para una habilitación y negándome de esta manera la posibilidad de asistir a la fiesta del año en "disco fuego".

Hablamos con Claudia de ese pasado compartido y también del no compartido; de su matrimonio, de sus hijos, de sus hermanas, de su "proceso" de inmigración a Canadá. No ha cambiado nada, algunos kilos de mas y sin lugar a dudas muchos menos de los que yo me he puesto. Su sonrisa sigue siendo contagiosa y su belleza, que aun conserva, se multiplico por dos, la genética es una ciencia exacta.

Fue lindo reencontrarme con ellos: con los Obando, con Juan Andrés y con Claudia, vivir estos "festivales del recuerdo" y en este ejercicio de soltero "amargado" compartirlos con el ciberespacio.