viernes, 23 de diciembre de 2016

Quincho Barrilete

Esta mañana desperté con una melodía en la cabeza, una canción que hace casi cuarenta años no escuchaba, ¿Cómo es posible recordar súbitamente algo de lo que no se tiene memoria durante décadas? ¿Qué extraño mecanismo opera en el cerebro para que algo así ocurra?

Gracias a esta maravilla llamada Internet y que fuera imaginada por Jorge Luis Borges cuando en alguna entrevista afirmó que su idea del paraíso era la de una enorme biblioteca en la que se tuviera a mano cualquier libro de los millones que se han escrito desde la creación de la imprenta, el sueño de Borges, escritor que no goza de mis afectos pero cuya pasión por la literatura comparto, se hizo realidad gracias al Internet que aunque sea difícil de creer es mucho más que fotos de gatos en muros del Facebook y pornografía a un clic de distancia, no tengo nada contra los gatos ni mucho menos contra la pornografía, pero también a un clic estaba  la canción cuya melodía desperté tarareando esta mañana, se trataba de “Quincho Barrilete”, ganadora del festival OTI de la canción en 1977, un certamen precursor de los “reality shows”, que se celebraba anualmente y que convocaba a cantantes y compositores hispanos luego de procesos de selección locales que elegían un representante por país.

Cuando “Quincho Barrilete” fue premiada yo tenía apenas nueve años pero recuerdo con claridad el momento; la disfuncional familia en que crecí ¿acaso hay alguna que no lo sea? reunida frente al televisor; mis abuelos y mis tíos, como buenos colombianos chovinistas, haciendo fuerza por la cantante de su país, y yo como siempre llevando la contraria, rezando para que la ganadora fuera la canción nicaragüense. Mi abuelo me miraba y tal vez pensaba para sí mismo que este nieto ya se había hecho comunista, pero al verme rezar dudaba de sus propios razonamientos. Sí, yo por aquellos días todavía rezaba, todavía creía en las tonterías de la religión y hasta llegué a creer que el triunfo de “Quincho Barrilete” se debía a mis infantiles rezos.  

Esta es una canción difícil de clasificar, podría tratarse de un tema infantil o de protesta, por las dudas la pongo a medio camino entre ambas y el niño que ayer la gozó como canción infantil, hoy cuarenta años después, vuelve a disfrutarla por su clara vocación revolucionaria. Narra la historia de Quincho un niño de barriada que tiene que trabajar para ayudar a su familia. Yo, niño de barriada, casi consiente de las angustias de mis abuelos para llevar el pan a la mesa, sabía que había algo que me unía a Quincho, sabía que entre esa historia y la mía había un hilo conductor que ahora comprendo, tanto Quincho como yo éramos dos niños pobres creciendo en sociedades desiguales e injustas, mi carenciada infancia encontraba en la letra de “Quincho barrilete” un espejo en el cual mirarse.

Pasó el tiempo y poco a poco fui  reconociéndome como un adolescente con conciencia de clase y mi afiche del “che” era constantemente destruido por mi abuelo que tenía un retrato de Laureano Gómez en su mesa de noche, el más reaccionario y conservador político del Siglo XX en Colombia,  luego, dócil receptor de las ideas posmodernas y neoliberales, fui dejando mi conciencia de clase a un lado e incluso renegué de mis orígenes para dedicarme a los logros individuales tan afines a las ideologías en las que sin saberlo me deje atrapar, como si de verdad fuera posible dejar de ser pobre con trabajo y esfuerzo, como si no fuera una mentira del sistema para convertirnos en esclavos dóciles de su nefasta maquinaria de control, haciéndonos olvidar que a nuestro alrededor millones de personas siguen sumidas en la miseria y el dolor. Cuarenta años después los “Quinchos” siguen existiendo y multiplicándose,  ahora, en esa etapa de la vida en que no se sabe si se está de subida o de bajada, próximo a los cincuenta años, vuelvo a escuchar “Quincho Barrilete” y vuelvo a ser el niño que fui, vuelvo a emocionarme e identificarme con su letra, decido entonces indagar un poco acerca de la canción y descubro que el compositor es Carlos Mejia Godoy aunque quien la interpretara en aquel momento fuera Eduardo “Guayo” González, ambos marcados por la revolución sandinista, el primero como participe de los triunfos de esa revolución que nos hizo soñar en toda Latinoamérica con guerrillas populares capaces de derrocar gobiernos asesinos como el de Somoza mientras que el segundo tuvo que sufrir el exilio a consecuencia de esa guerra en la que fue blanco de ataques tanto por la guerrilla que esperaba de él un mayor compromiso como del gobierno por haber interpretado esa canción que hablaba de un niño que al hacerse hombre lucharía con los pobres de su patria.


A Carlos Mejia Godoy lo escuché por primera vez hace unos treinta años cuando un amigo me obsequio “Guitarra Armada”,  un disco que recopilaba las canciones de la revolución sandinista, pero lejos de mi estaba en aquel momento imaginar que era el mismo compositor de la melodía que habría de marcar mi infancia y que recordaría cuarenta años después una fría mañana de invierno prenavideña. Hilos conductores del destino que van tejiendo nuestras experiencias y que hilvanan perfectamente en  nuestro devenir. 

Del niño que fui ya solo quedan recuerdos como el que hoy describo y alguna foto que se niega a caer en el olvido gracias a la digitalización que le ha dado nueva vida, pero hoy cuando la nostalgia invade el pensamiento vuelvo a ver el video de la interpretación de “Quincho Barrilete” en el festival OTI 1977 y ya las lágrimas fluyen sin pudor. 

“Quincho Barrilete”

De la marimba de chavalos de la Tirsa
este tal Quincho se las gana a los demás
con sus diez años no cumplidos todavía
es hombre serio, como pocos de su edad.

Mientras su mama se penquea en la rebusca
Quincho se faja como todo un tayacán
mañana y tarde vende bolis en los buses
para que puedan sus hermanos estudiar.

Que viva Quincho, Quincho Barrilete,
héroe infantil de mi ciudad,
que vivan todos los chavalos de mi tierra,
ejemplo vivo de pobreza y dignidad.

Que viva Quincho, Quincho Barrilete
su nombre, no se olvidará,
porque en las calles, plazas, parques y barriadas
el pueblo lo repetirá.

Joaquín Carmelo viene a ser solo un membrete
que le pusieron en la pila bautismal,
pero su nombre de combate es Barrilete
le cae al pelo, con su personalidad.

Allá en el Open, vive desde el terremoto,
a hacer lechuzas este Quincho es un campeón,
por un chelín, te hace un cometa prodigioso
para ponerle un telegrama al colochón.

El tiempo sigue, incontenible, su camino
y el chavalito que vivió en el Open tres
no volvera a ponerse más pantalon chingo
ni la gorrita con la visera al revés.

Un dia va a enrrollar la cuerda del cometa
y muy feliz mirando al sol se marchará
enfrentará las realidades de su pueblo
y con los pobres de su patria luchará.
(Carlos Mejia Godoy)