Mis amigos Bobby y Héctor se
casan hoy, yo quise estar a su lado en este día pero me resultó imposible
hacerlo de manera presencial, sin embargo, a pesar de la distancia y mi posición
política respecto al matrimonio, más cercana del abolicionismo que de la asimilación,
quiero acompañarlos con mis palabras, ellos han estado juntos casi desde el
primer día en que se conocieron hace más de veinticinco años.
Fui testigo de ese momento en
una discoteca en Bogotá, recuerdo que uno de nuestros amigos comunes de la época
se acercó a Héctor para advertirle que tuviera cuidado con el gringo, que no
estaba solo y que no se fuera a aprovechar de él, que lejos estaba aquel amigo
de imaginar que ese chico joven y bello se iba a robar el corazón del gringo de
dulce sonrisa y alma pura. Hoy ambos viven un acontecimiento que en aquellos días
nos resultaba imposible siquiera imaginar, el matrimonio entre personas del
mismo sexo era impensable en una época en la que nuestra lucha era por la simple
sobrevivencia.
Vivíamos en un país que se
desangraba en medio de una guerra que parecía no tener fin y la muerte se
ensañaba con nuestros más cercanos amigos a consecuencia del SIDA con la
indolencia cómplice de una sociedad que nos rechazaba y afirmaba sin pudor que merecíamos
ese dolor por maricas. Uno tras otro iban cayendo, siendo tan jóvenes asistíamos
casi con la misma frecuencia a la discoteca y a la funeraria, fueron tantos
nuestros muertos comunes que en medio del corazón teníamos que ir abriendo
espacios cada vez más grandes al dolor sin dejar de disfrutar de nuestra
juventud ni negar la posibilidad de enamorarnos, fueron trágicos tiempos aquellos en los que Héctor
y Bobby se conocieron, se enamoraron y construyeron juntos lo que hoy celebran
con el lazo simbólico jurídico del matrimonio. He visto como poco a poco han ido
tejiendo un amor que trasciende todas las barreras que la sociedad ha construido
para aislarlos. Diferencias de edad, cultura y condición socioeconómica fueron
dando paso a convergencias de amor, respeto y apoyo mutuo, los muros fueron
cayendo y hoy solo son ruinas sobre las que se construyó una relación sólida
que incomoda a quienes ven nuestras vidas desde el otro lado de esos muros que
siguen construyendo y nosotros seguimos tumbando. Hoy muchos todavía piensan de esa manera y
hasta se mostrarán complacidos con el asesinato de cincuenta personas en
una discoteca gay en Orlando, Florida.
El amor que no se atreve a
confesar su nombre del que escribiera Oscar Wilde, hoy no necesita esconderse,
al menos en algunos lugares del mundo donde la razón ha triunfado sobre el
oscurantismo religioso y la homofobia institucional, social y cultural. Hoy ese
amor tiene nombre, se llama: Héctor y Bobby.