miércoles, 22 de abril de 2020

CORONACRONICA



Todo empezó como quien no quiere la cosa, en enero nos llegaban imágenes alarmantes de remotas y superpobladas ciudades chinas, todo en China es remoto y superpoblado, no en vano están en lo que occidente llama extremo oriente, algo así como al final del oriente, en un rincón del mapa que los terraplanistas se han inventado para negar la redondez de la tierra, allá lejos viven mil cuatrocientos millones de personas, uno de cada cinco habitantes del planeta para que nos hagamos una idea. Pero esas imágenes precisamente por remotas resultaban impensables para el occidente “civilizado”, mientras China sufría occidente seguía viviendo en la negación. Con el sesgo optimista de quien no conoce la ciencia exacta de las leyes de Murphy  seguía viajando por el mundo llevando en sus maletas, pero sobre todo en sus cuerpos, el letal virus que pronto haría colapsar sus mercantilizados e insuficientes sistemas sanitarios, confinaría a medio mundo a la estrechez de los cubículos en los que malviven hacinados y pondría en jaque esa entelequia que gobierna nuestras vidas llamada economía.

Que el virus fue creado en un laboratorio en Whuan, que ese laboratorio era patrocinado por el gobierno  de China dicen unos y por el gobierno de EEUU dicen otros, que pasó de los murciélagos o del pangolín a los humanos, que el problema es que los chinos son sucios y comen cualquier cosa con patas, sin patas y con carne, como si nadie hubiera visto los viajes culinarios de Anthony Bourdain quien nos explicaba la costumbre humana, sin nacionalidades, de comer casi cualquier cosa que saciara nuestro apetito y agradara al paladar. Como si las vacas locas y las gripes aviar o porcina no hubieran ocurrido. Como si los occidentales fuéramos superiores por haber convertido en industria el sufrimiento y el dolor de los animales no humanos, como si comer en Mc Donalds o KFC fuera moralmente superior a comer en los mercados populares de China o India. La realidad es que nunca sabremos el origen de la pandemia, porque detrás de esa verdad estarán los intereses de quien la diga y de quien la escuche, dependiendo de su coincidencia con lo que se quiere probar torciendo la realidad para uno u otro lado. Los políticos, quienes al final serán los voceros de “la verdad” nunca dicen LA VERDAD porque si lo hicieran no estarían en el poder. Ya lo dijera Nietzsche estudiando la historia y su contemporaneidad y lo aplicara con éxito Goebbels en la Alemania Nazi y de él en adelante todos los aparatos de propaganda de las sociedades modernas: “La verdad es la mentira más eficiente”. Habrá, eso sí, muchas verdades y cada uno de nosotros creerá la que más se aproxime a su creencia previa o a su ignorancia y en este asunto casi todos somos ignorantes o tenemos sesgos cognitivos. Los pocos que podrían dar respuesta al interrogante tristemente también responden a los intereses del poder.

Las pandemias no son una novedad, la humanidad las ha sufrido siempre: Peste Antonina, Peste Negra, Cólera, Gripe Española, Fiebre Amarilla, SIDA. Sin entrar en detalles de la vida misma, toda la vida en el planeta, que ha estado a punto de extinguirse por completo al menos cinco veces a lo largo de los últimos 500 millones de años de historia natural de la que tenemos registro fósil y que ahora parece entrar en un nuevo ciclo de destrucción masiva, esta vez por la acción directa y depredadora del Homocapitalistus , voraz criatura que en su afán de consumirlo todo está acabando con el planeta que pareciera querer defenderse eliminando al depredador humano con un virus microscópico.

A propósito de la rápida evolución de esta pandemia recuerdo con dolor que  hace poco menos de cuarenta años cuando el SIDA apareció, cuando los muertos también se contaban por millares y rápidamente por millones (a la fecha según estadísticas de Onusida han muerto unos cuarenta millones de personas y siguen muriendo a razón de un millón por año) no hubo ninguna reacción de los gobiernos, eran otros tiempos y otras las características del virus dirán los que pretendan desvirtuar mi comparación, pero la verdad es que si los gobiernos no intervinieron y no hicieron nada para encontrar una vacuna o un medicamento efectivo dejando a los enfermos morir fue porque los que morían, en principio, eran homosexuales, drogadictos y putas; selección natural la llamaron algunos. Yo tenía veinte años y ya había asistido a mas funerales que mis abuelos. Mis amigos morían y los gobiernos del mundo callaban, tuvimos que organizarnos, tuvimos que reafirmar nuestra existencia y nuestro derecho a vivir para empezar a ser oídos mientras que la sociedad indolente nos apartaba, nos discriminaba, nos obligaba a renegar de nosotros mismos, nos echaban de nuestras casas y nuestras propias familias nos aislaba o nos obligaba a comer en platos marcados. Algo de eso queda hoy cuando en todo el mundo se ven imágenes de profesionales de la salud estigmatizados en privado mientras en público son aplaudidos o cuando algunos gobernantes deciden prohibir la salida de los mayores de setenta o marcar las casas de los enfermos de Covid19. 
Para terminar con el SIDA y volver al virus de ahora, seguimos sin vacuna porque los laboratorios en su lógica capitalista y con la complicidad de los gobernantes que nunca hicieron nada, convirtieron la enfermedad en un negocio multimillonario en el que la tasa de mortalidad es inversamente proporcional al PIB del lugar en donde se viva, o mejor, del lugar en el que el virus te condene a morir, porque no es lo mismo ser portador del VIH en Kinshasa que en Los Ángeles.

Este virus de ahora, el corona, parece ser menos selectivo, pero es solo el principio, ya veremos como las desigualdades sociales también condenarán o salvarán a quienes puedan pagar, ya hay millonarios que compraron sus propios respiradores. Algunos ya eran virtualmente dueños de hospitales con sus millonarios aportes, visite cualquier página web de hospitales públicos o privados en EEUU (en algunos incluso en la misma entrada del hospital)  encontrará los nombres de estos millonarios que previa exención impositiva han contribuido “desinteresadamente” al mantenimiento del hospital de su región, ¿si uno de estos millonarios necesita un respirador a quien creen que atenderán primero? Yo por mi parte sigo fumando, parece ser que la nicotina es bastante efectiva contra el virus a juzgar por las bajas tasas de hospitalización y morbilidad de los fumadores allí donde las estadísticas han descubierto esta extraña correlación: China, Francia, Alemania y EEUU.

De un momento a otro esas mismas imágenes que nos resultaban lejanas ya no lo eran tanto porque Italia y España empezaron a ser los centros de la pandemia, luego se le sumaron Francia y Alemania y cuando menos lo pensábamos el virus ya estaba en nuestro lugar de residencia cualquiera que este fuera. Pasamos entonces de la típica indolencia de quien ve el dolor ajeno por las noticias al temor de ser víctimas nosotros mismos. Algunos gobernantes se apresuraron a negar lo evidente, otros incluso desafiaban las probabilidades estadísticas y la experiencia histórica afirmando que todo iba de maravilla en sus países; Trump, Bolsonaro y Johnson de manera irresponsable se convirtieron en los negacionistas mas representativos y hoy las sociedades que ellos gobiernan sufren las consecuencias de su probada ineptitud. El mismo Boris Johnson resulto infectado y tuvo que cambiar de actitud, Trump le siguió los pasos y de afirmar que todo estaba bajo control ahora parece estar muy preocupado por las consecuencias económicas, lo único que parece importarle al millonario, misógino y racista gobernante del imperio, y que probablemente será reelegido en noviembre porque en el restrictivo sistema electoral bipartidista de EEUU los demócratas se empeñan en elegir los peores candidatos posibles.  Mientras tanto Bolsonaro fiel a sus orígenes militaristas y autoritarios acaba de despedir a su ministro de salud quien apoyaba las medidas de confinamiento emprendidas por algunos gobernadores estatales ¿A la luz de los probados desaciertos de los gobernantes, cuestionarán los pueblos la estupidez colectiva que mantiene los Estados? Lo dudo.

Sin embargo y ante la incertidumbre que provoca la pandemia parece ser que no hay respuesta perfecta. Si bien el confinamiento obligatorio y el aislamiento social sirven para “aplanar la curva” lo único que logran estas medidas preventivas es ganar tiempo para tratar de estar mejor preparados a fin de enfrentar lo inevitable, tarde o temprano allí donde estamos confinados tendremos también altas tasas de mortalidad aunque probablemente menores a las que se darán en aquellos lugares en donde las medidas restrictivas fueron nulas, tardías o insuficientes, dependiendo por supuesto de la capacidad de respuesta del sistema de salud.  Claramente el mundo no estaba preparado para esto y fallaron todos los que pudieron hacer algo para evitarlo. Pero no es casual que no estemos preparados, son décadas de neoliberalismo que han convertido la salud y la muerte en un negocio desmantelando lo poco que se había avanzado en sistemas de seguridad social solidario. Ante el envejecimiento de la población la respuesta siempre ha sido aumentar la edad de jubilación para que la muerte llegue poco después de terminar nuestro ciclo productivo. Vida y muerte controlados por el Estado de acuerdo a la lógica capitalista. Hace algunos años la entonces presidenta del FMI Christine Lagarde afirmó sin pestañear que los viejos vivían mucho y que había que hacer algo al respecto, no sorprende pues que dentro de las muchas teorías conspirativas que hoy se difunden se citen sus palabras como premonitorias de lo que está ocurriendo.

Es válido también preguntarse el papel de la OMS que paso del “todo está controlado” y felicitar a las autoridades Chinas al “cuidado hay que hacer algo”, solo falta que salga a decir “Nos llevo el putas” o en porteño “todo se fue a la mierda”. En su defensa podría decirse que al tratarse de un organismo consultivo poco o nada pudo hacer para cambiar el rumbo de los acontecimientos. Allí donde las decisiones las toman los políticos los científicos solo opinan y recurriendo a la metáfora escatológica ya sabemos para qué sirven las opiniones. 
Mientras no aparezca una vacuna, un tratamiento efectivo o una inmunización natural colectiva parece ser que tendremos que convivir con el virus durante mucho tiempo. Los abrazos y los besos ¿acaso el sexo también? serán recuerdos del pasado, que triste mundo nos espera si solo podemos manifestar nuestros afectos con emoticones y liberar nuestra carga sexual con ese pobre sucedáneo tecnológico llamado cibersexo. ¿Dejara de ser pecado masturbarse? ¿Aumentará la venta de dildos? ¿Desaparecerá la prostitución? En menos de dos meses la cantidad de usuarios de una página porno web, con características cercanas a una forma de prostitución virtual, llamada “onlyfans” se ha duplicado.

Los medios de comunicación otra vez dan muestras de ser simples cajas de resonancia del poder de turno, informan o desinforman dependiendo de los intereses que defiendan. Si no fuera porque las redes sociales son peores a la hora de informarse de asuntos serios habría que apagar los televisores y no volver a leer diarios. En EEUU “Fox News” defiende a Trump y todo lo que los republicanos digan o hagan y CNN hace lo propio en relación con los demócratas, no importa que a la velocidad que se producen los hechos unos y otros se contradigan. En España “El Pais” y TVE defienden todo lo que Pedro Sánchez dice o hace, tibiamente critican las posiciones del PP, Ciudadanos y Vox y abiertamente siguen atacando lo que Podemos y los demás partidos de izquierda proponen. En Argentina los conglomerados económico mediáticos del grupo Clarín y Nación encuentran fisuras en la respuesta del gobierno Nacional y se inventan divisiones, la sombra de Cristina no los deja tranquilos. Si ella habla dicen que habla mucho y le marca la cancha a Alberto, si calla preguntan porque no habla. Mientras que al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que es lo único que les queda, lo tratan con guantes de seda y alaban cada tontería que se inventa como la de obligar a los mayores de setenta años a pedir permiso a las autoridades cada que quieran salir de sus casas. En Colombia las noticias las dicta el régimen y todo va de maravilla según El Tiempo, Semana, El Espectador, Caracol y RCN. En Alemania DW Noticias minimiza los errores de la Unión Europea y Angela Merkel es poco menos que una heroína. En el Reino Unido la BBC, “The Times” y hasta “The Guardian” aplauden que la reina haya aparecido en la televisión fuera de su tradicional saludo navideño para advertirle a sus súbditos que desde la Segunda Guerra mundial no se habían enfrentado a un enemigo tan peligroso. ¿De verdad? ¿Más temible que los bombardeos de los nazis? Claro, como ella estaba a salvo en su castillo es más probable que la mate el Covid19 que una bomba en aquellos días. Y no sigo con los medios por que no hablo ni húngaro, ni ruso, ni los otros cientos de idiomas y dialectos que se hablan en el mundo, pero creo que esta puede ser una muestra representativa del tratamiento de los medios, eso sí, todos coinciden en algo: el número de contagiados y muertos. Al principio incluso tenían un contador en las pantallas que actualizaban segundo a segundo como si fuera el conteo regresivo para el apocalipsis. De seguro les llamaron la atención y les dijeron que eso generaba pánico en la población, por eso lo eliminaron.

El vertiginoso devenir de los acontecimientos ha convertido la humanidad en un hervidero de pasiones, dicen algunos que ha sacado lo mejor y lo peor de la condición humana, yo no lo creo, a mi más bien me parece que ha exacerbado los ánimos ya existentes. Por supuesto hay personas que se esfuerzan en ayudar a los más débiles, hay gobiernos que intentan paliar el dolor de los postergados y otros que indolentemente miran para otro lado. Los que tenemos la fortuna de vivir en edificios con techos salimos a nuestros balcones (los que tienen balcones por supuesto) a aplaudir a quienes ahora se echan al hombro las labores más riesgosas para que algo del tejido social se mantenga. Pero estos aplausos esconden una realidad incuestionable, a quienes hoy nos salvan los hemos maltratado inmisericordemente durante mucho tiempo y ni los aplausos ni la gratitud de ahora podrán compensar el maltrato del que hemos sido como mínimo cómplices con nuestro silencio. ¿Recuerdan cuando los trabajadores de la salud salían a las calles pidiendo aumentos de sueldo, disminución de horas, mejores condiciones de trabajo? ¿O cuando los recolectores de basura iban a la huelga como última opción ante sus justos reclamos? ¿Que hacíamos los aplaudidores de hoy en aquellos días? Nos quejábamos de la falta de consideración de ellos para con nosotros. ¿Cuantos de nosotros apoyamos sus reclamos haciendo abstracción de nuestras pequeñas incomodidades de movilidad? Ojala, aunque lo dudo, algún día entendamos quienes son los que de verdad importan en nuestras sociedades. Es la clase obrera, urbana y rural,  la que mantiene el mundo en funcionamiento, los demás somos parásitos consumidores.

Por fortuna el mundo ya no depende de los dioses ni de sus seguidores, de lo contrario ya hubieran matado todos los murciélagos y pangolines como cuando antes y durante la peste negra mataban a los gatos porque según los fanáticos de entonces, que no se diferencian mucho de los de ahora, eran animales demoniacos .Luego se comprobó que el virus era transmitido por las pulgas que ante la proliferación de ratas, vaya ironía, aumentaron exponencialmente por la matanza indiscriminada de los diabólicos gatos.
Hoy, muy a pesar de sacerdotes, predicadores, imanes y rabinos; dependemos de la ciencia para dar solución a este problema y pronto, pero no tan pronto como quisiéramos, tendremos o bien una vacuna o un tratamiento efectivo. Sin entrar en detalles de la posibilidad que otros expertos contemplan de una inmunización colectiva que se daría de manera natural.

Sin embargo cualquiera sea el resultado nada podrá  eliminar el virus más letal que carcome la humanidad: la ignorancia y la complacencia con la misma. Seguiremos consumiendo la misma basura en formato televisivo que seguirá aumentando nuestra ignorancia colectiva convirtiendo nuestras sociedades en unas “idiocracias” más peligrosas que este o cualquier virus futuro.

Y tú clasemediero típico que creías estar cerca de los ricos que defiendes e imitas y por los que votas cada cuatro años, ¿ya te diste cuenta que estas a dos semanas sin ingresos de ser pobre como aquellos que desprecias? A ver si el Covid19 te hace tomar el lado correcto en la lucha de clases. Entiéndelo bien de una vez y para siempre: eres un poquito menos pobre que los pobres que desdeñas y nunca, por mas que lo intentes, dejaras de serlo. La riqueza no es meritocratica, ese es el cuento neoliberal que te creíste.

Hoy mientras editaba este texto releo lo que he escrito y me parece insulso, inútil, poca cosa comparado con lo que está ocurriendo en el mundo. Qué más da quien esté en el gobierno, qué más da lo que los medios digan o dejen de decir, o que el virus haya salido de un laboratorio o no. Nada, esto es más grande y más grave que cualquier discurso, análisis o predicción y al escribir esto sé que me contradigo, pero es que el mundo se está yendo a la mierda, los peores temores son pocos comparado con lo que puede ocurrir.  La última gran depresión, la de los años treinta del Siglo XX fue una de las causas del avance del fascismo al que le siguió la  Segunda Guerra Mundial y visto lo visto y a juzgar por los acontecimientos que se suceden día tras día ese camino no parece improbable. Los halcones dejan ver sus garras y la gente parece dispuesta a obedecer ciegamente lo que sus gobiernos pidan, ya sé que quedarnos en las casas pareciera la única salida, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Hasta cuándo tendremos que vivir confinados poniendo nuestras vidas en estado de contingencia permanente?  En algunos lugares ya empezaron a marcar a las personas contagiadas o que tienen contacto con contagiados. Ya en China ensayaron un control absoluto a través de los dispositivos electrónicos que les informa en tiempo real a las personas que pudieron tener contacto con alguien que salió positivo en la prueba. Ya los economistas empiezan a preparar el terreno del cataclismo financiero, pronto querrán que salvamos otra vez  la banca porque quien carajos va a pagar sus deudas si no tiene ingresos (personas, empresas, burocracias, países) Soñar no cuesta nada, ya lo están proponiendo. Borrón y cuenta nueva, que todas las deudas se condonen, que nadie le deba nada a nadie y empecemos de nuevo, reiniciemos  esta economía basada en la deuda y dejemos de vivir hipotecando el futuro, porque contraer deuda es vivir esclavo de la obligación de pagar. Es, junto con el trabajo asalariado, la más avanzada y perfecta forma de esclavitud, deuda y trabajo se retroalimentan para que sigamos como hámsteres en una rueda imparable, bueno, ni tan imparable, parece que un virus microscópico pudo detenerla al menos temporalmente. Los únicos que siempre ganan son los dueños del capital financiero, que asuman la caída de su castillo de naipes esta vez.

Yo no sé  si esto del virus fue planeado, lo dudo, la naturaleza no necesita ayuda para crear y extinguir vida. Pero lo que sí se puede planear es lo que vendrá después, y si no lo hacen los pueblos lo harán los dueños. Si nos embarcaron en la globalización, la libre circulación de capitales, mercancías y de personas (solo las del norte hacia el sur, las que van en sentido contrario no son deseadas ni bienvenidas a no ser que recojan las cosechas y regresen a sus países tan pronto lo hagan) si nos hicieron creer en la teoría del derrame, si nos convencieron que había que privatizarlo todo, que todo se podía vender y comprar y que todo tenía un precio y que este era más importante que el valor. Si la solidaridad empezó a ser sospechosa y el egoísmo y la codicia se convirtieron en virtudes. ¿No será que estas mordazas que hoy nos ponen con la excusa de la salud serán también las mordazas que, mañana cuando tengamos que salir a las calles, nos obligaran a callar? Dicen que el mundo no será el mismo después de esto, por supuesto que no va  a ser el mismo, tal vez de nosotros dependa que la normalidad a la que ellos quieren volver no vuelva a ser la nuestra, porque no queremos seguir viviendo para con suerte llegar a fin de mes, ya pudimos comprobar que todos estamos a un mes de caer en la indigencia, porque esos auxilios desesperados que hoy entregan los gobiernos a manos llenas, en dinero, en especie, en exenciones, son las limosnas que nos tiran desde sus castillos que se caen a pedazos para que sigamos haciendo rodar la rueda de su bienestar que quieren hacernos creer que es el nuestro. Nos dicen que todos estamos en el mismo barco para que sigamos remando, pero quienes en realidad reman son los oprimidos de siempre, quienes hacen rodar la rueda de la economía son los obreros, las campesinas,  las tenderas, los recolectores de basura, los reponedores, las cajeras del supermercado y una larga lista que no incluye a los que pueden quedarse cómodamente en sus casas a maldecir el confinamiento y escribir sus impresiones como yo mismo ahora lo hago.
No quepa duda, si no nos oponemos nos harán pagar con sudor e incluso con sangre de ser necesario las deudas impagables que dejara la depresión económica que ya se vislumbra.  

Y vuelvo a leer lo escrito y resulta que ya no estoy tan seguro de lo que escribí y de las posiciones que defendí. Ya llevamos un mes encerrados, los que podemos encerrarnos, hay un montón de gente que no puede darse el lujo de encerrarse, les llaman “trabajadores esenciales”, con este eufemismo queda claro que el resto de trabajos no son necesarios para que la sociedad funcione. Cuando vaya al supermercado tenga en cuenta que quienes hacen posible que usted siga comiendo son ellos y ellas, los trabajadores precarizados y mal pagos que ahora además arriesgan su salud y su vida  mientras los dueños siguen llenándose los bolsillos. Parece que Marx tenía razón cuando decía que el último burgués venderá la soga con que le ahorcarán.

Pero volviendo al virus este que nos está jodiendo la vida a todos, sigo convencido que la medida de confinamiento ha sido necesaria para preparar la asistencia sanitaria y disminuir los contagios, ahora en aquellos lugares en los que se tomaron estas medidas el pico de casos y de muertes se ha corrido un mes, obvio, si no hay contacto entre humanos la epidemia no se puede propagar. Pero ¿hasta cuándo tendremos que mantener el confinamiento? No parece haber una respuesta adecuada a esta pregunta y a juzgar por las medidas adoptadas, los bandazos en una u otra dirección dados por los gobiernos, la falta de unidad de criterios, las opiniones no vinculantes de la OMS, parece que nadie asume responsabilidades y luchan por ganar tiempo y la verdad es que ese tiempo que los gobernantes ganan no parece ser más que una forma, insisto, de postergar lo inevitable, entonces ¿cuánto tiempo tendremos que seguir postergándolo? ¿Tendremos que confiar en las farmacéuticas y los gobiernos, los mismos que ante las múltiples advertencias de que esto iba a ocurrir nunca hicieron nada porque no resultaba rentable prevenir en medio de la lógica capitalista de la mayor utilidad, en el menor tiempo y al menor costo? Hace diez y ocho años con la aparición de otro coronavirus del que ahora nadie habla y al que llamaron SARS (el de ahora es otro SARS mas contagioso pero menos letal en proporción al número de contagios)  la humanidad estuvo muy cerca de lo que hoy vivimos, los científicos advirtieron del riesgo y exhortaron a los gobiernos y las farmacéuticas a trabajar para estar preparados y nadie hizo nada. Si de buscar culpables se trata, en vez de apuntar al murciélago o al Pangolín, debiéramos señalar a los gobernantes que siguieron desmantelando la seguridad social con recortes en sus presupuestos y a las farmacéuticas que siguieron desarrollando medicinas para que tuviéramos erecciones en lugar de tomarse en serio las advertencias de la comunidad científica que tuvo que lidiar con los catastróficos resultados de aquella pandemia. Ahora ya es tarde, los gobernantes fallaron y esconden sus errores culpándose unos a otros, la humanidad nunca ha sido su prioridad, ellos solo han sabido enriquecer a sus amos, los dueños del capital, farmacéuticas incluidas. Ahora nos obligan a vivir encerrados hasta que encuentren una vacuna o se mueran los que tengan que morirse, no parece haber mas alternativas. Pero cabe preguntarse si en este afán por contener el virus no estaremos condenando a la humanidad a una depresión peor que la que se vivió en la década de los treintas, a una hambruna de proporciones inimaginables y a terribles guerras por el control de lo poco que vaya quedando en pie. No habrá vuelta a la normalidad, la normalidad se acabó y asistimos a cuentagotas a un nuevo orden. Tal vez morirse ahora no sea tan malo después de todo.

En Francia intentan descifrar porque los fumadores tienen menos contagios y complicaciones que los no fumadores, una extraña correlación que ya había sido advertida en China y Alemania. Mientras tanto en Sudáfrica prohíben cigarrillo y alcohol. Esto me hace recordar otra vez aquella pandemia rentable y olvidada, el SIDA. En sus orígenes todo era contradictorio y los únicos que sabíamos lo que de verdad ocurría éramos quienes asistíamos a los funerales de nuestros amigos (mientras ahora los ancianos son dejados a su suerte, mueren solos, rodeados de desconocidos y son incinerados o enterrados en fosas comunes) nosotros, a nuestros amigos, pudimos acompañarlos en su final y enterrarlos con dignidad mientras sus familias los abandonaban. Luego íbamos a la discoteca porque la vida tenía que seguir, éramos jóvenes, sabíamos que corríamos riesgos; pero los besos, los abrazos y sobre todo el sexo nunca se detuvieron. Un día supimos que el condón era efectivo para evitar el contagio y lo empezamos a usar, pero no por ello dejamos de vivir, algunos murieron, otros sobrevivimos, no me siento culpable por haber sobrevivido y treinta y cinco años después sigo llorando mis amigos muertos que siguen siendo, al igual que en aquellos días,  numéricamente  mas que los vivos. Tal vez de esta epidemia nos salvemos también ¿pero a que costo? Si el costo es el de convertirme en un ciborg que solo puede manifestar sus afectos con emoticones y a través de pantallas, lo siento, no me interesa. Si el costo es tener que dejar el sexo frecuente y con tantas parejas como mi deteriorado cuerpo pueda aguantar, lo siento, tampoco me interesa. Si el costo es tener que vivir confinado en estas cuatro paredes y percibir el mundo a través de las pantallas, lo siento, tampoco me interesa. Si tengo que vivir con temor prefiero morir con dignidad. Si prolongamos el confinamiento indefinidamente seguiremos ganando tiempo para que se contagien y mueran menos personas pero ¿es esta la vida que queremos? Los que podemos encerrarnos encerrados, los que tienen que trabajar trabajando, arriesgando su salud porque su labor es esencial para que los otros podamos seguir confinados. ¿Vamos a seguir viviendo con miedo al contagio o aprenderemos de la generación que sobrevivió al SIDA?  




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sábado, 15 de febrero de 2020

ABIERTO DE ARGENTINA 2020 CRÓNICA DE UNA MALA DECISIÓN


Con el paso del tiempo, y las tempranas manifestaciones de la vejez, algunas actividades que antes nos resultaban imperdibles pasan a ser opciones más bien descartables y asistir un espectáculo en vivo deja de ser una prioridad. En mi juventud para ver conciertos masivos o algún partido de fútbol dejaba de comer si era necesario con tal de pagar las entradas y disfrutar de la experiencia, no había Internet ni redes sociales virtuales, así que la vivencia era personal y colectiva pero se limitaba al grupo de personas que asistían al espectáculo. 
Hoy las cosas han cambiado y a juzgar por la cantidad de fotos y vídeos que se hacen pareciera que ahora la experiencia no se limitara al goce del momento si no, y sobre todo, a la exposición pública de la alegría real o fingida. No basta con asistir, hay que probar que lo hicimos y el proceso es más o menos el siguiente: Alguien avisa en las redes que planea ir a un espectáculo, luego publica las fotos de las entradas, se toma fotos en las previas,  del desplazamiento y del momento en que ingresan, no puede faltar por supuesto la foto con el emblema del espectáculo, hasta las salas de teatro tienen ahora lugares especiales para que la gente pueda fotografiarse con los grandes iconos en cartón de los protagonistas que de paso sirven como estrategia publicitaria,  después, aunque suelen recordarnos que no debemos filmar o fotografiar el evento, la gente hace caso omiso y se pasa la mitad del espectáculo filmando o fotografiando. Al final todos la han pasado de maravilla, aunque haya sido una experiencia nefasta porque ¿cómo traicionar la expectativa ajena si la promesa de felicidad propia ha sido tan alta?

En el caso del abierto de tenis de Argentina 2020 me deje llevar por mis escasos impulsos juveniles y haciendo abstracción de mi leve sociofobia decidí comprar un abono para el fin de semana que incluía entradas a los cuartos, semis y final del mismo. Y ya desde el principio la expectativa se fue desvaneciendo. Mientras compraba en línea para asegurarme buenos puestos, y evitar de paso quedar ubicado en la silla que hace algunos años me toco en la que uno de los postes de luz artificial obstaculizaba mi visual de la mitad de la cancha,  me di cuenta que después del proceso de compra aparecían unos cargos abusivos por “costos de servicio”  y  “cargos de envio”  equivalentes al 10% del valor de las entradas y considerando que tuve que retirar las entradas personalmente en un punto de venta nunca entendí cuál era el servicio que me cobraban. Al final supe, gracias a otro sufrido espectador, que esos costos me ahorraron una fila de una hora bajo la canícula del medio día del verano porteño en el único puesto de entrega habilitado para tal fin.
Una semana antes del inicio del torneo ya habían cancelado su participación cuatro de los cinco tenistas cuya aparición hacía atractiva esta competencia incluyendo dos de los mejores ocho del mundo  y en las primeras rondas quedaron eliminados otros dos que si bien no eran los mejores del ranking y su talento venia menguando tenían un estilo de juego que siempre dejaba alguna linda experiencia visual.

A pesar de todo decidí asistir a los cuartos de final con pocas expectativas y resulto ser peor de lo pensado.
Todo empezó mal cuando al ingreso del recinto fui informado por un guardia de seguridad con toda la altanería que suele caracterizar estos individuos, el eslabón más  bajo y visible en la cadena de las estructuras de poder,  que la organización prohibía el ingreso de alimentos y bebidas y que debía tirar o consumir mi sándwich y mi bebida antes de poder ver los juegos por los que había pagado. Mi formación de abogado me llevo a solicitar amablemente información acerca de la norma en la que la organización se basaba para semejante atropello, la discusión fue escalando hasta que un empleado con actitud prepotente  me dijo que si quería podía  escribir en el libro de quejas (que de seguro nadie lee) o interponer una demanda. Al final mi sándwich y mi bebida congelada desde el día anterior para que no dejara de estar fría durante el juego, terminaron en la basura porque tampoco existía la opción de que me devolvieran el dinero. Supe que esta arbitrariedad es común en los espectáculos públicos y  además que es una clara violación de la normativa vigente ante la que el espectador poco o nada puede hacer.
Después me dispuse a ver el segundo set del segundo partido de cuartos, porque el primero era entre dos semidesconocidos tenistas que solo contemplaron sus más cercanos colaboradores y algún espectador madrugador y masoquista.  Pero vaya sorpresa, si bien pude evitar los postes de luz artificial, ahora la barrera visual que tapaba la cuarta parte de la cancha eran las sombrillas de los camarógrafos. 

Después llegó el único partido de la jornada que podía compensar el esfuerzo y tanta amargura acumulada. El partido resulto épico y Diego Schwartzman y Pablo Cuevas brindaron un espectáculo digno de la definición que David Foster Wallace en “El tenis como experiencia religiosa” hace de este deporte: “La belleza no es la meta de los deportes de competición, y sin embargo los deportes de élite son un vehículo perfecto para la expresión de la belleza humana. La relación que guardan ambas cosas entre sí viene a ser un poco como la que hay entre la valentía y la guerra. La belleza humana de la que hablamos aquí es de un tipo muy concreto; se puede llamar belleza cinética. Su poder y su atractivo son universales. No tiene nada que ver ni con el sexo ni con las normas culturales. Con lo que tiene que ver en realidad es con la reconciliación de los seres humanos con el hecho de tener cuerpo.”

Sin embargo al finalizar el segundo set, luego que Diego pudiera remontar cuatro matchpoints en contra llevándose una merecida ovación, tuve que salir a comprar algo de comer y alguna bebida para evitar la inanición y la deshidratación en el único puesto de comidas cercano al lugar donde me encontraba, las filas eran cortas, había solo once personas adelante y me dije a mi mismo: “bueno me perderé los tres primero games pero no moriré en las gradas”. Estaba equivocado, pasaron siete games  y 35 minutos antes que pudiera volver a la cancha, la oferta de bebidas se limitaba a agua, pomelo, naranja y manzana (ninguna de mi agrado) de una marca patrocinadora del evento y tal como lo supuse estaban casi tibias y la comida casi fría, sin entrar en detalles acerca de los exorbitantes precios que hay que pagar por la mala atención, la escasa oferta y el tiempo perdido.
Diego y Pablo siguieron luchando por la victoria, que a la postre fue para Diego que jugo los últimos tres games con una lesión que lo obligó a abandonar el torneo al día siguiente poco antes del inicio de la semifinal que debió ser cancelada.

Después de un extraordinario partido de cuartos llegaba un aburrido juego en el que ya no quedaba casi ningún espectador y al final del primer set quedaba claro que no había mucho que hacer en esa cancha. Llegue a mi casa cansado, sediento y hambriento y hoy en la mañana empecé a sentir un insoportable dolor de espalda, a la única semifinal que hubo hoy no fui y no tengo la mas mínima intención de asistir a la final. Este texto y las entradas no usadas del abierto de tenis de Argentina 2020 pienso enmarcarlos y ponerlos en la sala de mi casa para recordar en lo que me reste de vida que  la experiencia religiosa de la que hablaba Wallace la seguiré viviendo cómodamente en el salón de mi casa, frente a la pantalla del televisor, con bebidas frías y comidas calientes.

Post scríptum: Viendo cómodamente sentado en mi sala el único partido de semis que se jugó me doy cuenta que dos espectadores sufrieron desmayos mientras veían el partido, que tuvo que ser suspendido para atenderlos. No me sorprende, con la dificultad impuesta por la organización del evento para ingresar bebidas y ante la absurda pérdida de tiempo necesaria para comprar una de la marca patrocinadora dentro del lugar, hay personas, especialmente mayores, que no logran soportar las altas temperaturas y vuelvo a ver en medio del barullo que se formó en la tribuna el rostro del empleado con más poder dentro de la logística del evento que atendió mi reclamo inicial. ¿Sera lo suficientemente inteligente para entender la relación causa efecto entre la medida que defiende como perro faldero del dueño del negocio y la posibilidad de que alguien muera realmente por deshidratación?  Lo dudo.


Post scríptum 2: Acabo de ver la final cómodamente sentado en mi sillón preferido. Decir que fue mala es quedarme corto, me alegra enormemente no haber ido, lo mejor  que me pudo pasar en este abierto de tenis de Buenos Aires 2020 fue haber tomado la decisión de no volver a la cancha. Por cierto en la final otro espectador se desmayó. ¿Sera que para el próximo año vuelven a prohibir el ingreso de bebidas y alimentos?