Como escribir unas palabras
en homenaje a un hombre cuya vida marcó la mía y la de todos los aquí presentes
sin caer en el cliché o en el lugar común, como recordarle sin insultar su
memoria con palabras banales.
Tirso fue un hombre vital que dejó una huella imborrable en quienes le sobrevivimos, sus recuerdos nos acompañarán y preservando su memoria lograremos inmortalizarle.
Tirso fue un hombre vital que dejó una huella imborrable en quienes le sobrevivimos, sus recuerdos nos acompañarán y preservando su memoria lograremos inmortalizarle.
Vivió intensamente, amó con
pasión y fue amado en la misma medida. Trabajó incansablemente hasta que las
fuerzas se lo permitieron, cuidó de sus
seres queridos y nos apoyó sin restricciones llegando al extremo de arriesgar
su propia integridad física y financiera, supo ganarse el afecto de los aquí
presentes y de otros tantos que le antecedieron en este camino que él mismo hoy
emprende.
En lo personal le recordaré
manejando su viejo y destartalado Chevrolet 54 “pochocho” como él mismo lo
bautizó, o disfrutando de unas copas en la taberna del curro en donde al son de
las guitarras y las palmas improvisaba sevillanas que aprendió a bailar en la
misma ciudad que les da nombre, o en las fiestas decembrinas cuando sus
atenciones lo convertían en el mejor anfitrión del mundo, sentado al lado de su
tocadiscos y buscando afanosamente el disco apropiado para la ocasión , incluso
supo encontrar una melodía especial para su muerte y no escogió el lúgubre y
triste réquiem de Mozart si no el romántico y melódico bolero de Ravel que
empieza suavemente con vientos y
termina en un estruendo casi festivo en
el que intervienen todos los instrumentos de la orquesta , lo recordaré también
con su infaltable llamada, con serenata telefónica
incluida, para mis cumpleaños, nunca olvidó esa fecha y puedo asegurar que fue la única persona que
lo hizo desde que tengo memoria, para él los cumpleaños de sus seres queridos
eran momentos especiales y sus felicitaciones de seguro harán parte de nuestras
celebraciones futuras aunque ya solo podamos evocarlas en el recuerdo.
Tirso hablaba con propiedad
de historia, geografía, política, artes, literatura y música y en sus últimos años su sabiduría lo había
convertido en un filósofo cercano al Epicureísmo y a juzgar por lo que hablábamos estaba muy
cerca de alcanzar la ataraxia, pero no
hablaba desde la perspectiva del erudito que pretende hacer alarde de sus conocimientos,
lo hacía desde la experiencia misma de su vivencia, porque cuando hablaba de
Nueva York, Londres o Paris , era porque allí había estado una y otra vez y sus
vivencias de viaje nos transportaban a esos destinos, viajar fue una de sus
pasiones y pocas personas de su generación pueden darse el lujo de haberlo
hecho como Tirso lo hizo, guardó siempre una lealtad inquebrantable por
Avianca, a la que seguía refiriéndose
con gratitud como la “madre Avianca”, en donde desarrolló una brillante carrera
que lo llevó a codearse con las instancias de poder y a compartir con ellos de
igual a igual.
Sus convicciones políticas
eran claras y nunca las ocultó y aunque navegamos siempre por riveras opuestas
del pensamiento supo aceptar las mías con respeto y citando a Voltaire me
decía: “No comparto tus ideas pero defenderé hasta la muerte tu derecho a
expresarlas”, aprendí de él el respeto
por las ideas ajenas y a defender las mías sin ofender al adversario.
Tenía una memoria
prodigiosa, una palabra cualquiera activaba en Tirso un recuerdo y escucharlo
hablar del pasado era un placer del que ya no podremos disfrutar.
Su lealtad a sus seres
queridos se extendía más allá de lo razonable, a mi madre, por ejemplo, quien
tuvo la fortuna de compartir los últimos años de su existencia a su lado, le prometió
en su lecho de muerte que estaría conmigo y me apoyaría como si fuera un padre,
nunca falto a su palabra, en su casa nunca me sentí extraño y hoy al compartir
estos duros momentos con Luz Marina, Milton, Fabricio, María Fernanda, Claudia
e Ivonne lamento no haber llevado el apellido Moreno pero de corazón sé que lo
soy y lo seguiré siendo.
Sigue tu viaje Tirso, conviértete
nuevamente en polvo de estrellas, qué más temprano que tarde todos los aquí
presentes estaremos a tu lado en el viaje infinito del universo en expansión.