La farsa de la democracia cumplirá su cita una vez más y los que todavía creen en ella se contagiarán de la emoción que los medios intentan imprimirle. En todos aquellos sitios en donde se celebran elecciones las clases dirigentes mantienen la farsa de la democracia solo para su beneficio, distraen a la gente con discusiones morales que tocan la sensibilidad emocional de los electores, pero de los temas realmente importantes que nos afectan de manera individual y colectiva nos excluyen para luego decirnos que ellos han sido elegidos para decidir por nosotros y por lo tanto nadie puede cuestionar la legitimidad de sus decisiones. Dentro de 4 o 6 años habrá otras elecciones y nos dejarán elegir nuevamente a nuestros verdugos, en eso consiste la democracia para ellos; en la legitimación de su poder mediante el voto .
A veces, en un ejercicio de política-ficción, intento pensar en alternativas a la farsa de la democracia y se me ocurre que lo primero que habría que hacer es eliminar los partidos políticos. Pareciera absurdo que se pudiera desarrollar la política sin partidos políticos, pero la realidad es que los partidos políticos y sus políticos profesionales son los culpables de la apatía ciudadana ante la cosa publica. Han complicado el manejo de la administración publica y lo han hecho incomprensible y tedioso para que la gran mayoría de personas resulten excluidas intelectualmente del desarrollo y control del estado. Los políticos profesionales son una lacra social que vive para perpetuarse en el poder y para administrar para su beneficio y el de sus aliados el dinero recaudado de los impuestos. Nos engañan con discusiones absurdas en las que el ágora ha sido reemplazada por las pantallas, pero en realidad lo único que les importa es mantenerse en el poder. Siguiendo con mi ejercicio de política-ficción pienso en gobiernos del pueblo y para el pueblo en los que los gobernantes lo fueren por periodos no renovables y cuyos miembros pudieran ser elegidos y sorteados por grupos y en estructuras piramidales. Un hombre un voto para todas las decisiones trascendentales del estado y unos administradores de esas decisiones que reemplazarían a los políticos tradicionales y cuyo mandato estaría limitado en el tiempo.
En ultima instancia, ¿que es lo mas importante para el estado y sus asociados? La respuesta es mas simple de lo que parece: El dinero; de como se recauda y como se gasta. Y es precisamente de eso de lo que estamos excluidos los ciudadanos ¿Que tan complicado podría ser para un grupo social establecer sus fuentes de financiación y la forma en que el dinero debe gastarse? ¿Que tal si pudiéramos educar a la sociedad para que cualquiera pudiera entender el funcionamiento del estado y de esta manera pudiera participar concientemente en las decisiones que le atañen? en vez de representantes podríamos decidir nosotros mismos y que los administradores se encargaran de recaudar e invertir lo recaudado de la forma en que nosotros mismos decidamos, no como ocurre ahora que los políticos deciden de manera inconsulta por que creen que la farsa electoral los autoriza a hacerlo.
Para las elecciones en Canadá al igual que las ultimas celebradas en Colombia he decidido no votar, abstencionismo militante lo he llamado. Ningún político o partido merece mi voto. ¿Por que entonces debo molestarme en ir a las urnas para legitimar su poder? después de mucho criticar a los apáticos que se abstenían de votar hoy he decidido unirme a ellos. Y si tuviera la obligación de votar como ocurre en Perú (la abstención allí se castiga con una multa) lo haría en blanco o anularía mi voto. Desafortunadamente no existe ningún estado que le de valor al voto en blanco, al voto nulo, o a la abstención. No conozco un solo caso en el que los partidarios de estas posiciones políticas hayan sido invitados a exponer sus ideas en los medios masivos de desinformación en época electoral. Que pasaría si el voto en blanco, nulo o la abstención pudieran cambiar la distribución de un parlamento ? o la composición de un gobierno ? No existen estados que le den valor a estas manifestaciones políticas por la simple razón que a los políticos profesionales, solo les interesa perpetuarse en el poder y si le dieran valor al voto en blanco descubrirían que la legitimidad que emana de nuestros votos no existe cuando la gran mayoría de los asociados decide excluirlos a ellos de sus preferencias. Jose Saramago en su obra "Ensayo sobre la lucidez" hace un ejercicio de política-ficción en el que el voto en blanco se convierte en protagonista del desarrollo y la administración de un pueblo. Es una lastima que la política-ficción solo resulte atractiva a nivel académico pero imposible de llevar a la practica por que el hombre parece condenado a vivir de rodillas ante sus verdugos ya sea por comodidad, por pereza, por miedo o por ignorancia.
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