domingo, 20 de noviembre de 2011

EJERCICIO DE LA MEMORIA

Dice mi tía que soy un resentido, yo afirmo que tengo memoria y ejerzo mi derecho a revivirla, dice mi tía que mi resentimiento con el país no se justifica y que Colombia es una maravilla, yo le respondo que tal vez Colombia sea una maravilla para ella que tiene la dicha de vivir en una burbuja de cristal, pero que para la mitad de los habitantes de esa mala patria que a duras penas sobreviven en Ciudad Bolívar, las Comunas, Siloé, en los campos inundados o en los semáforos de desplazados, para ellos Colombia solo es la cárcel de sus desgracias y si pudieran dejarían el país como ya lo hemos hecho cuatro millones. Dice mi tía que no debiera hablar mal del país y que debiera sentirme orgulloso de ser colombiano, yo le respondo que yo no hablo mal del país, que Colombia habla mal de si misma y que no puedo sentirme orgulloso de un accidente del destino como es el nacimiento, que de las pocas cosas que puedo sentirme orgulloso son de las que dependen de mi de principio a fin; dice mi tía que si no olvido mi pasado no podré asumir el futuro, yo le respondo que ya tendré tiempo de olvidar cuando el alzheimer se apodere de mi mente y que por ahora me resulta reconfortante no olvidar ni mi pasado ni el pasado del país en el que tuve la mala fortuna de nacer.

Mi pasado esta unido al de Colombia y si el sistema y los medios se empeñan en mantener y sostener la amnesia colectiva, yo reafirmo mi derecho a la memoria, mi derecho a recordar no solo la masacre de Mapiripan si no las otras ya olvidadas que solo parecen recordar las victimas que siguen llorando sus muertos, como si los muertos ajenos fueran menos muertos que los propios. Mapiripan esta de moda ahora por que el estado se ha empeñado en negar su responsabilidad con argucias publicitarias, pero antes y después de Mapiripan tuvimos Bananeras, San José de Apartado, Chengue, Caño Sibao, El Aro, el Nilo, El Tomate, Jamundi, La Rochela, La Mejor Esquina, El Salado, Segovia, Tacueyo, Machuca, Trujillo, Bojaya. Nombres que tal vez a las nuevas generaciones no les digan nada por que por ser nuevas carecen de memoria, pero a mi me dicen todo, me dicen que Colombia es un país que convive con la muerte, que se acostumbra a ella y que perdona a sus asesinos vinculándolos a su sistema económico y social.

Y puestos a recordar para seguir contradiciendo los designios de mi tía, también se me antoja recordar los magnicidios, de eso también esta manchada la historia de Colombia; Jorge Eliécer Gaitan, Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo, Álvaro Gómez, Enrique Low Murtra, Rodrigo Lara Bonilla, José Antequera, Héctor Abad Gómez, Jaime Garzón, Carlos Toledo, sin contar los tres mil militantes de la Unión Patriótica; alcaldes y concejales de pequeños pueblos que ni yo con esta memoria resentida logro recordar.

Tal vez mi tía tenga razón, soy un resentido, un resentido histórico que no perdona y no olvida y que hasta el día que la vejez teja de telarañas mi memoria seguiré recordando por que los muertos ajenos me duelen como si fueran propios, que me duelen hoy tanto como me dolieron ayer y que no me cansare de recordar aunque mi tía me llame resentido.

Que curioso que la lengua no tenga un vocablo para describir el olvido voluntario, que falta hacen ciertas palabras que no existen.

1 comentario:

  1. Hola RAAR,

    Hace días no me pasaba por acá....

    Aunque por estos lares la vida nunca ha sido un lecho de rosas, si examinamos la historia de otras latitudes tambien cada uno tendrá sus pecados y lunares en la historia.

    Yo tambien tengo algunos recuerdos amargos de mi niñez con los ecos de los carrobombas y los secuertros de mis tíos por delincuentes que se decían guerrilleros... Sin embargo, no pierdo la esperanza, y afortunadamente fueron mas los que de alguna manera nos quedamos para ver las transformaciones que estas tierras han tenido y seguiran teniendo.

    Saludos,

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