domingo, 12 de junio de 2016

El AMOR QUE SI SE ATREVE A CONFESAR SU NOMBRE

Mis amigos Bobby y Héctor se casan hoy, yo quise estar a su lado en este día pero me resultó imposible hacerlo de manera presencial, sin embargo, a pesar de la distancia y mi posición política respecto al matrimonio, más cercana del abolicionismo que de la asimilación, quiero acompañarlos con mis palabras, ellos han estado juntos casi desde el primer día en que se conocieron hace más de veinticinco años.
Fui testigo de ese momento en una discoteca en Bogotá, recuerdo que uno de nuestros amigos comunes de la época se acercó a Héctor para advertirle que tuviera cuidado con el gringo, que no estaba solo y que no se fuera a aprovechar de él, que lejos estaba aquel amigo de imaginar que ese chico joven y bello se iba a robar el corazón del gringo de dulce sonrisa y alma pura. Hoy ambos viven un acontecimiento que en aquellos días nos resultaba imposible siquiera imaginar, el matrimonio entre personas del mismo sexo era impensable en una época en la que nuestra lucha era por la simple sobrevivencia.
Vivíamos en un país que se desangraba en medio de una guerra que parecía no tener fin y la muerte se ensañaba con nuestros más cercanos amigos a consecuencia del SIDA con la indolencia cómplice de una sociedad que nos rechazaba y afirmaba sin pudor que merecíamos ese dolor por maricas. Uno tras otro iban cayendo, siendo tan jóvenes asistíamos casi con la misma frecuencia a la discoteca y a la funeraria, fueron tantos nuestros muertos comunes que en medio del corazón teníamos que ir abriendo espacios cada vez más grandes al dolor sin dejar de disfrutar de nuestra juventud ni negar la posibilidad de enamorarnos,  fueron trágicos tiempos aquellos en los que Héctor y Bobby se conocieron, se enamoraron y construyeron juntos lo que hoy celebran con el lazo simbólico jurídico del matrimonio. He visto como poco a poco han ido tejiendo un amor que trasciende todas las barreras que la sociedad ha construido para aislarlos. Diferencias de edad, cultura y condición socioeconómica fueron dando paso a convergencias de amor, respeto y apoyo mutuo, los muros fueron cayendo y hoy solo son ruinas sobre las que se construyó una relación sólida que incomoda a quienes ven nuestras vidas desde el otro lado de esos muros que siguen construyendo y nosotros seguimos tumbando.  Hoy muchos todavía piensan de esa manera y hasta se mostrarán complacidos con el asesinato de cincuenta personas en una discoteca gay en Orlando, Florida.

El amor que no se atreve a confesar su nombre del que escribiera Oscar Wilde, hoy no necesita esconderse, al menos en algunos lugares del mundo donde la razón ha triunfado sobre el oscurantismo religioso y la homofobia institucional, social y cultural. Hoy ese amor tiene nombre, se llama: Héctor y Bobby. 

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