Esta mañana desperté con una melodía en la cabeza, una canción
que hace casi cuarenta años no escuchaba, ¿Cómo es posible recordar súbitamente
algo de lo que no se tiene memoria durante décadas? ¿Qué extraño mecanismo
opera en el cerebro para que algo así ocurra?
Gracias a esta maravilla llamada Internet y que fuera
imaginada por Jorge Luis Borges cuando en alguna entrevista afirmó que su idea
del paraíso era la de una enorme biblioteca en la que se tuviera a mano
cualquier libro de los millones que se han escrito desde la creación de la
imprenta, el sueño de Borges, escritor que no goza de mis afectos pero cuya pasión
por la literatura comparto, se hizo realidad gracias al Internet que aunque sea
difícil de creer es mucho más que fotos de gatos en muros del Facebook y pornografía
a un clic de distancia, no tengo nada contra los gatos ni mucho menos contra la
pornografía, pero también a un clic estaba
la canción cuya melodía desperté tarareando esta mañana, se trataba de “Quincho
Barrilete”, ganadora del festival OTI de la canción en 1977, un certamen precursor
de los “reality shows”, que se celebraba anualmente y que convocaba a cantantes
y compositores hispanos luego de procesos de selección locales que elegían un
representante por país.
Cuando “Quincho Barrilete” fue premiada yo tenía apenas nueve
años pero recuerdo con claridad el momento; la disfuncional familia en que crecí
¿acaso hay alguna que no lo sea? reunida frente al televisor; mis abuelos y mis
tíos, como buenos colombianos chovinistas, haciendo fuerza por la cantante de
su país, y yo como siempre llevando la contraria, rezando para que la ganadora
fuera la canción nicaragüense. Mi abuelo me miraba y tal vez pensaba para sí
mismo que este nieto ya se había hecho comunista, pero al verme rezar dudaba de
sus propios razonamientos. Sí, yo por aquellos días todavía rezaba, todavía creía
en las tonterías de la religión y hasta llegué a creer que el triunfo de “Quincho
Barrilete” se debía a mis infantiles rezos.
Esta es una canción difícil de clasificar, podría tratarse de
un tema infantil o de protesta, por las dudas la pongo a medio camino entre
ambas y el niño que ayer la gozó como canción infantil, hoy cuarenta años después,
vuelve a disfrutarla por su clara vocación revolucionaria. Narra la historia de
Quincho un niño de barriada que tiene que trabajar para ayudar a su familia.
Yo, niño de barriada, casi consiente de las angustias de mis abuelos para
llevar el pan a la mesa, sabía que había algo que me unía a Quincho, sabía que
entre esa historia y la mía había un hilo conductor que ahora comprendo, tanto
Quincho como yo éramos dos niños pobres creciendo en sociedades desiguales e
injustas, mi carenciada infancia encontraba en la letra de “Quincho barrilete” un espejo
en el cual mirarse.
Pasó el tiempo y poco a poco fui reconociéndome como un adolescente con conciencia
de clase y mi afiche del “che” era constantemente destruido por mi abuelo que tenía
un retrato de Laureano Gómez en su mesa de noche, el más reaccionario y
conservador político del Siglo XX en Colombia, luego, dócil receptor de las ideas posmodernas
y neoliberales, fui dejando mi conciencia de clase a un lado e incluso renegué de
mis orígenes para dedicarme a los logros individuales tan afines a las ideologías
en las que sin saberlo me deje atrapar, como si de verdad fuera posible dejar
de ser pobre con trabajo y esfuerzo, como si no fuera una mentira del sistema
para convertirnos en esclavos dóciles de su nefasta maquinaria de control, haciéndonos olvidar que a nuestro alrededor millones
de personas siguen sumidas en la miseria y el dolor. Cuarenta años después los “Quinchos”
siguen existiendo y multiplicándose, ahora,
en esa etapa de la vida en que no se sabe si se está de subida o de bajada, próximo
a los cincuenta años, vuelvo a escuchar “Quincho Barrilete” y vuelvo a ser el
niño que fui, vuelvo a emocionarme e identificarme con su letra, decido
entonces indagar un poco acerca de la canción y descubro que el compositor es Carlos
Mejia Godoy aunque quien la interpretara en aquel momento fuera Eduardo “Guayo”
González, ambos marcados por la revolución sandinista, el primero como
participe de los triunfos de esa revolución que nos hizo soñar en toda Latinoamérica
con guerrillas populares capaces de derrocar gobiernos asesinos como el de
Somoza mientras que el segundo tuvo que sufrir el exilio a consecuencia de esa
guerra en la que fue blanco de ataques tanto por la guerrilla que esperaba de él
un mayor compromiso como del gobierno por haber interpretado esa canción que
hablaba de un niño que al hacerse hombre lucharía con los pobres de su patria.
A Carlos Mejia Godoy lo escuché por primera vez hace unos treinta
años cuando un amigo me obsequio “Guitarra Armada”, un disco que recopilaba las canciones de la revolución
sandinista, pero lejos de mi estaba en aquel momento imaginar que era el mismo
compositor de la melodía que habría de marcar mi infancia y que recordaría cuarenta
años después una fría mañana de invierno prenavideña. Hilos conductores del
destino que van tejiendo nuestras experiencias y que hilvanan perfectamente en nuestro devenir.
Del niño que fui ya solo quedan
recuerdos como el que hoy describo y alguna foto que se niega a caer en el
olvido gracias a la digitalización que le ha dado nueva vida, pero hoy cuando
la nostalgia invade el pensamiento vuelvo a ver el video de la interpretación de
“Quincho Barrilete” en el festival OTI 1977 y ya las lágrimas fluyen sin pudor.
“Quincho Barrilete”
De la marimba de chavalos
de la Tirsa
este tal Quincho se las
gana a los demás
con sus diez años no
cumplidos todavía
es hombre serio, como
pocos de su edad.
Mientras su mama se
penquea en la rebusca
Quincho se faja como todo
un tayacán
mañana y tarde vende bolis
en los buses
para que puedan sus
hermanos estudiar.
Que viva Quincho, Quincho
Barrilete,
héroe infantil de mi
ciudad,
que vivan todos los
chavalos de mi tierra,
ejemplo vivo de pobreza y
dignidad.
Que viva Quincho, Quincho
Barrilete
su nombre, no se olvidará,
porque en las calles,
plazas, parques y barriadas
el pueblo lo repetirá.
Joaquín Carmelo viene a
ser solo un membrete
que le pusieron en la pila
bautismal,
pero su nombre de combate
es Barrilete
le cae al pelo, con su
personalidad.
Allá en el Open, vive
desde el terremoto,
a hacer lechuzas este
Quincho es un campeón,
por un chelín, te hace un
cometa prodigioso
para ponerle un telegrama
al colochón.
El tiempo sigue,
incontenible, su camino
y el chavalito que vivió
en el Open tres
no volvera a ponerse más
pantalon chingo
ni la gorrita con la
visera al revés.
Un dia va a enrrollar la
cuerda del cometa
y muy feliz mirando al sol
se marchará
enfrentará las realidades
de su pueblo
y con los pobres de su
patria luchará.
(Carlos Mejia Godoy)
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