Ha pasado un mes desde la aprobación de la reforma pensional en Colombia y no ha habido un solo día en que no me despierte en la mañana y lo primero que piense sea en la terrible injusticia de la que he sido víctima. Deben ser millones los afectados en circunstancias similares a la mía, personas que como yo no alcanzaron a cotizar las semanas suficientes para pensionarse (ahora estaremos en el pilar semicontributivo) y que hacíamos planes con la devolución de nuestros aportes y los rendimientos financieros. En mi caso son 250MM de pesos ($60.000 USD) a la fecha de escribir esto (30 de julio de 2024) y con un cálculo estimado de 300MM para el momento en que cumpliera 62 años para lo cual me faltarían solo cinco años. Hace veinte años deje de hacer aportes porque me fui del país y solo alcance a cotizar 600 semanas. (Cifras cerradas y aproximadas para facilitar el ejemplo)
Leí el texto completo de la reforma tres veces durante la semana siguiente a su aprobación para no dejar ningún cabo suelto en mi análisis que intentare resumir a continuación (aunque debo reconocer que soy muy malo resumiendo y lo que tengo que escribir no cabe en un tweet)
Los sistemas pensionales basados en ahorro individual nacidos durante la ola privatizadora del neoliberalismo de los años noventa y que contemplaban devolución de saldos para quienes no alcanzaran el tiempo suficiente de aportes para acceder a una pensión como Chile, Perú y ahora Colombia, han eliminado esta opción en el último año. Esto es algo que se ha pasado por alto pero no creo que sea casual. Los sistemas pensionales de ese modelo no pensionaban a casi nadie y cuando lo hacían era con mesadas ridículamente bajas, lo único bueno que tenía el sistema era precisamente esa devolución de aportes que permitía contar con un ahorro para la vejez aunque se supiera de antemano la imposibilidad de pensionarse. Era de alguna manera un salvavidas al que aferrarse emocionalmente y yo cometí el error de tomarme muy en serio aquello de “Ahorro Individual”. Alguna vez hablando de los sistemas de pensiones en diferentes lugares del mundo un amigo británico, que sufrió las terribles consecuencias de las políticas neoliberales de la “Dama de Hierro” , al que intente convencer de las “bondades” del sistema pensional Colombiano en lo referente a la devolución de aportes, me dijo que si yo no podía sacar ese dinero de la AFP en el preciso momento en que hablábamos era porque no era “mi” ahorro, que me bajara de la nube, que en cualquier momento me lo iban a quitar y que mejor no me ilusionara. Debí hacerle caso.
Hace treinta años nos convencieron que esas cuentas personales eran “nuestro dinero” y que si nos afiliábamos a su sistema tendríamos la posibilidad de recuperar “nuestros ahorros” si no lográbamos cotizar lo suficiente en tiempo y dinero para pensionarnos. Por aquellos días un ejército de vendedores y vendedoras de AFPs a los que eufemísticamente llamaban “asesores pensionales” pasaron por nuestros puestos de trabajo ofreciéndonos el oro y el morro para que nos afiliáramos a su respectiva AFP, no exagero si afirmo que yo recibí al menos diez de estos “asesores”, con uno de ellos logre tener una amistad corta pero suficiente para enterarme que sus ingresos por ventas eran de cifras que los ponían a él y sus colegas en el 3 % de la pirámide salarial de Colombia para la época. Lo cual era una señal evidente de que este iba a ser el negocio (robo) del siglo. Recuerdo haber pensado incluso en convertirme en promotor de AFPs, pero si soy malo resumiendo, lo cual ya advertí y se evidencia con la extensión de este texto que apenas empiezo, soy mucho peor vendiendo. Al final decidí quedarme en el trabajo que tenía y afiliarme a la AFP Horizonte, que para convencerme me otorgo una línea de crédito en el BBVA. Luego esta AFP desapareció al ser adquirida por Porvenir, que ahora controla el 60% del mercado. Porvenir se encarga de invertir “mi” dinero y cada tres meses me envía un extracto informándome cuanto he ganado (o perdido) en el periodo y las comisiones que cobran por su trabajo.
El dinero está en una supuesta “Cuenta de ahorro individual” al que aporté la mitad de mi vida laboral en Colombia, la otra mitad lo hice al ISS, lo que ahora es Colpensiones, entidad que emitió un “Bono Pensional” a mi nombre, que no es otra cosa que un pagare otorgado por el gobierno en el que se comprometía a pagar esa cifra y sus utilidades financieras cuando yo cumpliera 62 años y por ese concepto el estado tiene una deuda con la banca (que es la que importa en esta ecuación y que no va a perder nada) y subsidiariamente conmigo que soy a quien finalmente le están expropiando (No confundir con un Bono Pensional introducido en la reforma, que otorga un subsidio, y que está muy bien, pero pudieron llamarlo de otro modo para no confundir, o será acaso que el uso de ese eufemismo tiene por objeto que los dos conceptos se confundan de manera deliberada)
Ese dinero de mi “Cuenta Individual” y mi “Bono Pensional” fueron cifras que aparecían cada tres meses en extractos que llegaban a mi correo electrónico y en los que nunca pensaba seriamente, siempre tuve la esperanza de morir joven y cuando me fui de Colombia incluso deje un testamento para que quien había sido el principal soporte moral y económico de mi vida recibiera ese dinero en caso de mi anhelada muerte temprana, largamente planificada y torpemente ejecutada en un intento fallido poco antes de cumplir 40 años. Cuando salí del coma tuve que hacer las paces con la vida y uno de los motivos por los cuales deje de pensar en la posibilidad de una vejez miserable fue el hecho de que ese, MI ÚNICO AHORRO, me permitiría enfrentar con menos angustias económicas los estragos de la vejez.
Ha sido tal mi desesperación desde que comprendí que la nueva ley de pensiones me expropiaba doscientos cincuenta millones de pesos que empecé a elaborar planes para intentar recuperarlos. Lo primero que se me vino a la mente fue renunciar a la nacionalidad colombiana y pedir la devolución de aportes como extranjero (todavía estoy analizando esta opción y si algún (a) abogado (a) conoce algún caso exitoso en esta línea de argumentación le agradecería contactarme). También pensé en irme a vivir a Chile o Perú y pedir el traslado de mi dinero para al cumplir los 62 años poder solicitar la devolución de aportes, pero sumado al hecho de que en ambos países eliminaron esta opción en el último año, los acuerdos internacionales y que solo están suscritos con algunos países de Iberoamérica, no contemplan el traslado de aportes, solo se sumaría el tiempo cotizado en los dos países. Otra opción que tuve que descartar.
Luego me ilusione con la idea de pedir una pensión anticipada (otro gancho con el que nos hicieron creer en los noventas que el RAIS era una buena opción porque podríamos pensionarnos a la edad que quisiéramos) entonces ante la imposibilidad de encontrar una respuesta inmediata por parte de Porvenir que me permitiera tener certeza de esta opción (me dieron cita telefónica para hablar con un asesor acerca de este asunto para dos semanas después de que se me ocurrió la idea) me puse en la tarea de indagar con la ayuda de la Inteligencia Artificial, y cada vez que hacíamos juntos los cálculos usando diferentes variables financieras parecía que esos 250MM que tenía ahorrados eran suficientes para calificar para este beneficio. Y si bien yo hubiera preferido la devolución de saldos, esto de la pensión anticipada parecía una salida medianamente aceptable, considerando que las semanas cotizadas son irrelevantes para este propósito y según los cálculos podía empezar a recibir el equivalente a 1.1 salarios mínimos a partir de los 57 años de edad. ChatGPT y yo estábamos equivocados, resulta que cuando pude hablar con el asesor de Porvenir la cifra mínima para acceder a la pensión anticipada en mi caso era de 480 MM de pesos. Yo no podía creerlo, las cuentas muy conservadores que hice con la ayuda de la IA y calculando una Tasa de Interés Técnico de solo el 5%, la mitad de lo que ahora están pagando los fondos, me hizo ilusionar en vano. Al final me di por vencido, no había ninguna posibilidad no contenciosa de recuperar ese dinero.
Después, en un arranque de desesperación, pensé que si yo fuera mujer podría pedir “mi” ahorro pensional antes de que entrara en vigencia la nueva ley y entonces descubrí con positivo asombro que la legislación de identidad de género en Colombia es una de las más avanzadas y menos invasivas del mundo, entonces me plantee seriamente la posibilidad de iniciar el trámite respectivo, pero al tener doble nacionalidad debía iniciar el mismo trámite en el otro país en el que soy ciudadano y allí esta opción no era viable. No podía tener una identidad de género en un país y la contraria en el resto del mundo.
Como puede ver quien haya leído hasta acá, queda claro que para mí esta ley ha sido causal de enorme zozobra emocional e incertidumbre. Llevo un mes durmiendo mal y poco, fumando el triple de lo habitual y entrando en depresión ante la posibilidad de perder mi ÚNICA esperanza para una vejez digna.
Voy a interponer una demanda de inconstitucionalidad porque en mi caso la reforma resulta confiscatoria, siento que me han robado, aunque no creo que la Corte Constitucional vaya a derogar la ley porque parece ser que todos los interesados concertaron porque todos salieron ganando: El Gobierno en flujo de caja y popularidad (aunque esto es discutible a juzgar por la poca concurrencia del pueblo a la plaza de Bolívar el día de la sanción presidencial) las AFPs también salieron ganando con la reforma porque siguen recibiendo comisiones incluso con mayor rentabilidad que la que tienen ahora, por esa razón el presidente de ASOFONDOS paso de agache en todo el entramado legislativo.
Es una lástima que en una demanda de Inconstitucionalidad no se pueda condenar al estado por daños morales porque es mucho el dolor y sufrimiento que están causando en millones de personas en circunstancias similares a las mías. Esto pudieron evitarlo haciendo un régimen de transición menos restrictivo y que tuviera en cuenta el tiempo que faltaba para pensionarse y no las semanas cotizadas, dándole la opción a la gente de que tomara la mejor decisión posible de acuerdo a cada caso de manera individual, con asesorías completas e información suficiente. Cuando uno sabe que la vejez está a la vuelta de la esquina ya ha aprendido de sus errores y la probabilidad de malgastar el dinero es mucho menor a lo que afirmaba condescendientemente el viceministro Iván Daniel Jaramillo en una entrevista la semana siguiente a la aprobación de la ley. Básicamente decía que la devolución de aportes se iba a cambiar por una “renta vitalicia” porque los viejos nos íbamos de vacaciones con esa plata y entonces para protegernos de nosotros mismos esa era la solución. Si el Sr. Jaramillo lee esto quiero que sepa que lo que yo siento con este robo, metafóricamente por supuesto, es como si me hubieran cortado las piernas.
Si no incluyeron un régimen de transición menos restrictivo en la ley fue porque así lo decidieron, no existe la más remota posibilidad de que no hayan advertido esta terrible inequidad, el legislador tenía acceso a toda la información financiera y sabía con cifras exactas que a millones de afectados nos expropiarían nuestro ahorro pensional. Y me duele saber que un alto porcentaje de ese grupo de personas somos Colombianos emigrados, que solo el año2023 enviamos en total trece mil millones de dólares para ayudar a nuestras familias y amigos. Las remesas de Colombianos en el exterior es una de las principales fuentes de divisas para el país. El día en que la reforma se aprobó a pupitrazo, la Representante a la Cámara por la circunscripción de Colombianos en el exterior manifestó su rechazo a la decisión mayoritaria de no discutir el articulado que se había aprobado en el Senado porque no se permitió que nuestra voz fuera escuchada, muchos sabíamos de este riesgo y lo habíamos advertido. Los Colombianos en el exterior merecemos mejor trato. Sin nuestras divisas el país colapsa y como agradecimiento nos expropian nuestro ahorro pensional sin siquiera permitir a nuestra Representante en la Cámara participar en un debate que debió haberse dado.
El gobierno sabía que la ley iba coja a la corte por ese vicio de trámite, pero no le importó, lo que necesitaba era ganar al menos una de sus batallas parlamentarias y para lograrlo al parecer tuvo que recurrir a todas las artimañas que la política usa para lograr sacar adelante su agenda. A las AFPs, para que no alzaran la voz, les otorgó mayores comisiones por menos trabajo, A la oposición la fue trayendo a su redil con artilugios propios de un equipo político conocedor de la materia muy al estilo de “House of Cards”. Ocurre en todo el mundo de manera similar, en ese aspecto la democracia colombiana es tan oscura como las del resto de paises. Ahora todo está en manos de la Corte Constitucional en donde se definirán las demandas presentadas contra la norma especialmente por vicios de trámite y sin lugar a dudas las que individual o colectivamente haremos los damnificados económicos y emocionales de esta terrible injusticia, porque nos están expropiando nuestro ahorro pensional. En caso de fallar a favor de los demandantes la reforma podría caerse o la Corte podría “Legislar” (hay jurisprudencia al respecto) para corregir la inequidad manifiesta ampliando el régimen de Transición y que en lugar de basarse en el número de semanas tomara como referencia la edad del afiliado para de esta manera garantizar los “Derechos en curso de Consolidación”.
El “Pilar Semicontributivo” es entonces la expropiación hecha ley. Según los cálculos de esta modalidad de “Renta Vitalicia”, a la que yo preferiría llamar “Estafa Vitalicia”, y que reemplaza la devolución de saldos, una persona en circunstancias similares a las mías recibiría $ 150.000 pesos mensuales porque el criterio para el monto a recibir se basa en las semanas cotizadas y no en el dinero ahorrado y las utilidades financieras. Si mi ahorro pensional es de 250MM de pesos serían necesarios 1.666 meses, es decir 138 años para gastar solo el capital de lo que he ahorrado. Y además tienen el descaro de aumentar a 65 años la edad en que empezaría a recibir esta “Estafa Vitalicia”. Sin entrar en detalles de que cuando muera mis beneficiarios no tendrán derecho a recibir una pensión sustitutiva ni a devolución de saldos. Si esta no es una expropiación planificada y aprobada por la ley que alguien me explique como debo llamarla.
Y que nadie venga con el cuento de que es la izquierda la que siempre está cagando a la gente porque vivo en Argentina y en seis meses que lleva un energúmeno con motosierra, parecido a otro que hubo en Colombia, he sentido la disminución de mi poder adquisitivo al extremo de tener que usar mi tarjeta de crédito (endeudarme) para comprar comida. Ahora pago cuatro veces mas de alquiler que lo que pagaba en noviembre de 2023, y en proporciones similares: gas, energía, agua, transporte y alimentos. Sin entrar en detalles de los inmensos estragos que están causando sus decisiones a la estructura económica y social de este hermoso país que amablemente me ha acogido.
Cuando se trata de joder a la gente no importa el color del collar que el poder real use para que sus perros de turno nos muerdan. Al final se hace su voluntad por derecha o por izquierda, antes o después, pero la banca siempre gana.
He puesto como fondo de pantalla de mi celular el último extracto de “mi ahorro” del fondo de pensiones para no correr el riesgo de olvidar que tengo que luchar para recuperar ese dinero porque era mi única esperanza. Si se consuma la expropiación volveré a pensar en el plan original que hasta hace algún tiempo tuve para mi vejez: NO LLEGAR.
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