lunes, 12 de mayo de 2014

¿ MADRE SOLO HAY UNA ?

La orfandad temprana con que a algunos nos  castiga la vida nos da también la oportunidad de tener tantas madres como mujeres conozcamos en  nuestra  infancia.  Los huérfanos transmitimos a las mujeres una especie de mensaje sico-biologico que las obliga a comportarse como madres ante nuestra presencia,  fue por ello que tuve la posibilidad de tener muchas madres. Madres fueron mi abuela, mis tías y hasta las madres de mis amigos.

Mi abuela, quien obligada por las circunstancias tuvo que hacer las veces de madre adoptiva, fue una madre comprensiva  que no ahorro esfuerzos para que mi infancia fuera tan feliz como las circunstancias mismas lo permitían; no es novedad que las madres son capaces de quitarse el pan de la boca para dárselo a sus hijos, estoy seguro que mi abuela lo hizo varias veces, como cuando el médico le recomendaba tomar un suplemento vitamínico por su delgadez extrema  y ella sabiendo que a mí me encantaba ese sabor dulce de la fresa  procesada prefería compartirlo conmigo, servía un vaso pequeño para ella y un vaso grande para mi, ella me decía que el médico estaba loco, qué quien más necesitaba ese refuerzo en su alimentación era yo por que estaba en etapa de crecimiento, ella intentaba ponerle lógica a lo que solo puede entender el sentimiento.

Pero mis tías también fueron mis madres, ellas me adoptaban temporalmente. Edilma , que tenía que soportar seis  hijos adolescentes , una hija quinceañera y cincuenta infantes en la escuela donde era maestra,  lidiaba además, una o dos veces por semana, con las impertinencias de su sobrino y siempre encontraba en su cartera monedas para mis dulces,  lápices o entradas al cine; su amor de madre le alcanzaba para repartirlo entre sus siete hijos, cincuenta alumnos y su sobrino preferido; tal vez no haga falta decirlo, pero el sobrino huérfano siempre será el sobrino preferido.

Nohelia, madre-tía, tía-madre, me esperaba cada ocho días a la salida del internado donde hube de pasar los peores años  de mi infancia, ella siempre estaba allí , tomaba de mi mano y me llevaba a su casa en donde se convertía en mi madre durante el fin de semana. Luego, al crecer, mis vacaciones escolares eran maravillosas gracias a su generosidad, era la madre más querida del   barrio, todos mis amigos eran sus huéspedes y no le importaba recibirnos en las tardes mientras desordenábamos todo lo que ella había ordenado con paciencia en las mañanas.

Nelly me llevaba de paseo con sus hijos, me ayudaba con mis tareas y cocinaba la mejor natilla de la familia, un día tuvo que irse de Colombia, como ya lo hemos hecho otros cuatro millones que no creemos que ese país sea el mejor  " vividero" del mundo, y su partida dejo en mí  el sabor de la desesperanza, ahora puedo ponerle palabras a ese sentimiento, pero en aquellos días fue como si me hubieran abierto un hueco en el corazón. 

Carmen, también fue mi madre siendo mi tía, fue la madre regañona, la que me enseñó a usar los cubiertos y a guardar silencio cuando los mayores hablaban, la que a pesar de sus propias contradicciones siempre quiso lo mejor para mí aunque en el camino haya equivocado, de buena fe, los medios y los métodos.

También tuve una madre especial para algunas navidades, con Luz Marina solo nos emparentaba el destino, un extraño destino que me convertía en su hijo adoptivo en esas fechas especiales. Cuando se enteraba que yo iba a pasar las fiestas decembrinas en su casa  corría al almacén a comprar mis regalos y en el árbol siempre había algunos con mi nombre, una de esas navidades yo pensé que se había olvidado de mí porque mis obsequios fueron los últimos en ser anunciados,  pase de la tristeza al júbilo en segundos y supe que me quería aunque no  fuera mi madre, tía, o abuela. Era simplemente mi madre adoptiva por navidades.

A falta de una tuve varias madres, fui nieto, sobrino  y preferido de maravillosas mujeres que me ofrendaron su amor y a quienes nunca les he dicho lo feliz que me hicieron con su preferencia, gracias a ellas nunca me sentí huérfano del todo.



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