La orfandad temprana con que a algunos nos castiga la vida nos da también la oportunidad
de tener tantas madres como mujeres conozcamos en nuestra infancia.
Los huérfanos transmitimos a las mujeres una especie de mensaje
sico-biologico que las obliga a comportarse como madres ante nuestra presencia,
fue por ello que tuve la posibilidad de
tener muchas madres. Madres fueron mi abuela, mis tías y hasta las madres de
mis amigos.
Mi abuela, quien obligada por las circunstancias tuvo
que hacer las veces de madre adoptiva, fue una madre comprensiva que no ahorro esfuerzos para que mi infancia
fuera tan feliz como las circunstancias mismas lo permitían; no es novedad que las
madres son capaces de quitarse el pan de la boca para dárselo a sus hijos,
estoy seguro que mi abuela lo hizo varias veces, como cuando el médico le
recomendaba tomar un suplemento vitamínico por su delgadez extrema y ella sabiendo que a mí me encantaba ese
sabor dulce de la fresa procesada prefería
compartirlo conmigo, servía un vaso pequeño para ella y un vaso grande para mi,
ella me decía que el médico estaba loco, qué quien más necesitaba ese refuerzo
en su alimentación era yo por que estaba en etapa de crecimiento, ella intentaba
ponerle lógica a lo que solo puede entender el sentimiento.
Pero mis tías también fueron mis madres, ellas me
adoptaban temporalmente. Edilma , que tenía que soportar seis hijos adolescentes , una hija quinceañera y cincuenta
infantes en la escuela donde era maestra, lidiaba además, una o dos veces por semana,
con las impertinencias de su sobrino y siempre encontraba en su cartera monedas
para mis dulces, lápices o entradas al
cine; su amor de madre le alcanzaba para repartirlo entre sus siete hijos,
cincuenta alumnos y su sobrino preferido; tal vez no haga falta decirlo, pero
el sobrino huérfano siempre será el sobrino preferido.
Nohelia, madre-tía, tía-madre, me esperaba cada ocho días
a la salida del internado donde hube de pasar los peores años de mi infancia, ella siempre estaba allí , tomaba
de mi mano y me llevaba a su casa en donde se convertía en mi madre durante el
fin de semana. Luego, al crecer, mis vacaciones escolares eran maravillosas
gracias a su generosidad, era la madre más querida del barrio, todos mis amigos eran sus huéspedes
y no le importaba recibirnos en las tardes mientras desordenábamos todo lo que
ella había ordenado con paciencia en las mañanas.
Nelly me llevaba de paseo con sus hijos, me ayudaba
con mis tareas y cocinaba la mejor natilla de la familia, un día tuvo que irse
de Colombia, como ya lo hemos hecho otros cuatro millones que no creemos que
ese país sea el mejor "
vividero" del mundo, y su partida dejo en mí el sabor de la desesperanza, ahora puedo
ponerle palabras a ese sentimiento, pero en aquellos días fue como si me hubieran
abierto un hueco en el corazón.
Carmen, también fue mi madre siendo mi tía, fue la
madre regañona, la que me enseñó a usar los cubiertos y a guardar silencio
cuando los mayores hablaban, la que a pesar de sus propias contradicciones siempre
quiso lo mejor para mí aunque en el camino haya equivocado, de buena fe, los
medios y los métodos.
También tuve una madre especial para algunas navidades,
con Luz Marina solo nos emparentaba el destino, un extraño destino que me
convertía en su hijo adoptivo en esas fechas especiales. Cuando se enteraba que
yo iba a pasar las fiestas decembrinas en su casa corría al almacén a comprar mis regalos y en
el árbol siempre había algunos con mi nombre, una de esas navidades yo pensé
que se había olvidado de mí porque mis obsequios fueron los últimos en ser
anunciados, pase de la tristeza al júbilo
en segundos y supe que me quería aunque no
fuera mi madre, tía, o abuela. Era simplemente mi madre adoptiva por
navidades.
A falta de una tuve varias madres, fui nieto, sobrino y preferido de maravillosas mujeres que me
ofrendaron su amor y a quienes nunca les he dicho lo feliz que me hicieron con su
preferencia, gracias a ellas nunca me sentí huérfano del todo.
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