Hoy a la medianoche
levantaremos las copas y brindaremos saludando a nuestros seres queridos con el
cliché de estas fechas: “feliz año nuevo”, algunos harán balance de sus logros,
otros mirarán la llegada del nuevo ciclo con el cristal optimista con el que la
publicidad suele plantearnos la esperanza de un mundo mejor, pero yo, que
padezco una extraña e incurable enfermedad adquirida en la infancia llamada
empatía, no tengo espacio para el optimismo.
El 2016, será muy parecido
al 2015 y a todos los años anteriores y siguientes; millones de refugiados,
muertos y mutilados dejarán las nuevas guerras que reemplazarán las de hoy,
unos cuantos seguirán lucrándose con el dolor de la inmensa mayoría, el pueblo
Sirio seguirá sufriendo las consecuencias de la codicia de los poderosos,
Erdogan en Turquía intensificara la represión contra el pueblo kurdo, el estado
de Israel seguirá invadiendo las tierras del pueblo palestino y tildara de
terroristas a los adolescentes que con piedras intentarán combatir los tanques
invasores, las mujeres seguirán sufriendo las consecuencias de la dominación
machista, el obrero seguirá sufriendo para tratar de llegar a fin de mes con
los centavos que la plusvalía capitalista les va dejando para que no mueran de
inanición, en América Latina volverán a gobernar los neoliberales cuya guerra
contra los cambios sociales ya empezó a dar resultados nefastos para los
desposeídos, el imperio yanqui seguirá su expansión gracias a la complicidad de
sus lacayos locales, los tratados de libre comercio se convertirán en normas
supranacionales que revocarán vía contractual hasta las más progresistas
constituciones de los pueblos, se intensificará la persecución a los
disidentes, la estupidez humana seguirá creciendo gracias a la masificación de
la desinformación de las redes sociales, la codicia del sistema capitalista
seguirá convirtiendo al planeta en un inmenso basurero aumentando las
catástrofes naturales, las religiones seguirán ordenando la vida de millones de
personas incapaces de romper las cadenas de su propia esclavitud, la guerra
contra las drogas seguirá usándose como el mecanismo de control social más efectivo
del sistema aunque el sentido común y numerosos estudios avalen la necesidad de
la legalización , la farsa democrática volverá a hacernos creer que nuestro
voto tiene algún valor.
Lo siento pero no puedo ser
optimista en este mundo de mierda en el que tengo que vivir, no puedo ser
optimista mientras haya un solo niño que muera por desnutrición, mientras se
arrojen bombas en nombre de la paz y la libertad, mientras los poderosos se
burlen de nosotros desde sus cómodas sillas presidenciales, corporativas o
gubernamentales, y ordenen impunemente
la muerte, el dolor y el sufrimiento de millones de seres humanos que tuvieron
la mala fortuna de nacer en el lugar equivocado.
Por lo demás y ya para
terminar permítanme desearles a todos un Feliz año nuevo, no vayan a pensar que
soy un amargado incapaz de compartir la alegría de estas fechas.
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