miércoles, 6 de enero de 2016

De la escritura como ejercicio de la memoria y de la lectura como herramienta para comprender el mundo.

A veces me pregunto para que carajos escribo, qué sentido  tiene hacerlo si a fin de cuentas no más de diez personas van a leerlo, casi siempre serán las mismas que de alguna manera encuentran interesantes mis opiniones, se escribe lo que se piensa y de una u otra manera el lector está leyendo nuestros pensamientos que se hacen palabra escrita. Pero no me importa que mis lectores sean escasos, creo que esto de escribir es un ejercicio útil para entender el mundo, poner en palabras escritas nuestros pensamientos nos permite analizar nuestras más profundas convicciones y quienes tenemos la costumbre de escribir podemos hacer un análisis mucho más completo de nuestro entorno , esto no significa que quienes escribimos tengamos la razón en nuestros puntos de vista, sino más bien que intentamos tener los argumentos suficientes para convencernos a nosotros mismos de la bondad o utilidad de nuestra forma de pensar.

Estoy seguro que entre quienes me leen hay personas cuyas ideas de convivencia en sociedad se acercan a las mías, es decir, pueden identificarse como políticamente de izquierdas aunque eventualmente tengan alguna afinidad con la derecha, tal vez alguno cree en Dios, o considera exageradas las consignas o los métodos del feminismo, otros consideraran absurdas mis ideas anarquistas y apoyarán algún partido político por costumbre o necesidad, creo que siempre he sido un poco anarquista pero solo vine a saber que lo era cuando encontré la definición del concepto, cuando comprobé que la mayor parte de las ideas anarquistas coincidían con mi visión del mundo, de un mundo sin dioses ni amos, y entonces encontré a Michael Onfray y leyendo “Manifiesto Hedonista, La fuerza de existir”, supe que ya nada iba a ser igual.

Habrá también quien empiece la lectura , se aburra y regrese a los videos de YouTube mucho más fáciles de entender en un mundo cada vez más dominado por los medios audiovisuales, llegará un día en que el diccionario como lo conocemos hoy será una pieza de museo, la definición de las palabras desaparecerá y será reemplazada por un corto video explicativo debidamente editado para normalizar las palabras que no sean afectas al sistema o cambiarán con eufemismos los vocablos exactos que describen las cosas, incluso podrán proscribir palabras abiertamente contrarias al pensamiento único, aquellas palabras que definen las definiciones, por ejemplo “paradigma” dejará de existir para que los paradigmas puedan prevalecer y nadie intente explicar las cosas desde una óptica localizada afuera del marco teórico conceptual preestablecido. George Orwell lo explica mucho mejor ¿Si no existe la palabra puede existir lo que nombra?

Pero como suele ocurrir cuando escribo, me puse a divagar, retomando el tema original creo que no escribo para que alguien me lea, dudo que mis palabras sean suficientemente interesantes y mis argumentos convincentes como para hacerle cambiar de opinión o cambiarle la vida a alguien, del mismo modo que a mí me la pudo cambiar la lectura de autores como Onfray o Foucault, yo escribo pues para no olvidar, para mantener el recuerdo de mi historia personal y mi relación con el mundo, para en caso de tener la mala fortuna de llegar a la vejez pueda un día sentarme a leer mi propia vida; hace algún tiempo, por ejemplo,  me puse en la tarea de escanear toda mi correspondencia almacenada de la época en que no había internet y pude leer algunas de ellas, fue lindo y a la vez doloroso recordar personas que ya no están y que alguna vez fueron mis compañeros en este viaje , leerles fue como si me volvieran a hablar desde el pasado, o desde la tumba en algunos casos, como si por un instante se pudieran traspasar las barreras del tiempo y el espacio y volvieran a estar conmigo gracias a sus palabras, también pude volver a leer mi propia correspondencia, como siempre me ha gustado escribir y tengo la costumbre de guardar lo que escribo por simple placer narcisista, tengo cientos de cartas escritas entre 1979 y 1999, ya en el 2000 el internet desplazó la correspondencia escrita y por el mismo narcisismo mencionado conservo cientos de megas de información que algún día clasificaré.

La historia de mi vida se mezcla con la de mis lugares de residencia, y habiendo vivido en diez ciudades de Europa y América, es mucho lo que he podido aprender de las costumbres de los pueblos, he sido testigo de pequeños acontecimientos históricos que han logrado cambiar mi percepción del mundo y mi forma de entender la realidad, acerca de eso escribo y seguiré haciéndolo mientras pueda con  mis palabras explicar mi vida y la del mundo que me tocó vivir.


Seguiré también adelante en mi afán por conocerlo todo y aunque sé que nunca podré lograr el objetivo continuaré estudiando por mi cuenta lo que la academia me ocultó; los filósofos silenciados, para entender los motivos por los cuales no trascendieron, la historia del mundo, desde la perspectiva de los perdedores también silenciados por la historia oficial, el manejo de la economía, las diferentes teorías y sus consecuencias en el bienestar de los pueblos cuando son llevadas a la práctica, seguiré aprendiendo de política, religión, artes y música, seguiré acercándome al conocimiento científico del cosmos, del hombre, de la sociedad y de la naturaleza, cabalgando sobre hombros de gigantes como sabiamente alguna vez escribiera Isaac Newton para referirse a la acumulación de conocimiento científico a lo largo de la historia de la humanidad y en la medida en que mis conocimientos aumenten, mi percepción del mundo y la realidad se hará cada vez más completa, nunca llegará el momento en que me aburra de aprender, mi vida solo puede tener sentido en la medida en que pueda seguir asombrándome, me quedan miles de libros por leer, películas y documentales para ver, museos que visitar, ciudades y culturas por conocer, historias que aprender, luchas que emprender y aunque nadie lea lo que escribo seguiré haciéndolo hasta el fin de mis días y espero que la muerte me encuentre plácidamente sentado, leyendo un buen libro o escribiendo un mal texto. 

2 comentarios:

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  2. Quizá no me recuerdes, quizá sí.
    Mientras te leía recordaba una conversación que tuvimos hace ya unos cuantos meses atrás. Entre respuestas y preguntas, me detuve cuando hablábamos sobre lo improbable que era que estuviésemos conversando en ese momento, pulsos de luz viajando a casi 300 000 km por segundo, mediante quién sabe que complicados mecánismos cuánticos, hace unas décadas hubiera sido inimaginable, pero allí estábamos, conversando, yo iba feliz. Hoy echado en mi cama con mi celular, después de un día tranquilo, sencillo, quería leer algo, revisaba mis marcadores y mira te encontré otra vez. Y es que cuando mencionamos el otro día a Sagan, Cosmos, y hoy mencionas a Newton. Recuerdo la videollamada y se me levanta el ánimo y otra cosa, si sabes a lo que me refiero jaja. Que somos rebeldes, venimos desafiando las probabilidades, quién sabe y pronto nos encontremos cara a cara, podamos maravillarnos juntos, y al menos por un instante percibir nuevamente el cosmos. Encontrarle sentido. Abrazo fuerte desde Lima.

    Ah y un beso de dick, estuvo genial, si hasta creo que me enamoré de Leonardo, que inocencia más dulce y el final uff. Abrazo otra vez.

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