Todo empezó como quien no quiere la cosa, en enero nos
llegaban imágenes alarmantes de remotas y superpobladas ciudades chinas, todo
en China es remoto y superpoblado, no en vano están en lo que occidente llama
extremo oriente, algo así como al final del oriente, en un rincón del mapa que
los terraplanistas se han inventado para negar la redondez de la tierra, allá
lejos viven mil cuatrocientos millones de personas, uno de cada cinco
habitantes del planeta para que nos hagamos una idea. Pero esas imágenes
precisamente por remotas resultaban impensables para el occidente “civilizado”,
mientras China sufría occidente seguía viviendo en la negación. Con el sesgo
optimista de quien no conoce la ciencia exacta de las leyes de Murphy seguía viajando por el mundo llevando en sus
maletas, pero sobre todo en sus cuerpos, el letal virus que pronto haría
colapsar sus mercantilizados e insuficientes sistemas sanitarios, confinaría a
medio mundo a la estrechez de los cubículos en los que malviven hacinados y
pondría en jaque esa entelequia que gobierna nuestras vidas llamada economía.
Que el virus fue creado en un laboratorio en Whuan, que ese
laboratorio era patrocinado por el gobierno
de China dicen unos y por el gobierno de EEUU dicen otros, que pasó de
los murciélagos o del pangolín a los humanos, que el problema es que los chinos
son sucios y comen cualquier cosa con patas, sin patas y con carne, como si
nadie hubiera visto los viajes culinarios de Anthony Bourdain quien nos
explicaba la costumbre humana, sin nacionalidades, de comer casi cualquier cosa
que saciara nuestro apetito y agradara al paladar. Como si las vacas locas y las
gripes aviar o porcina no hubieran ocurrido. Como si los occidentales fuéramos
superiores por haber convertido en industria el sufrimiento y el dolor de los
animales no humanos, como si comer en Mc Donalds o KFC fuera moralmente
superior a comer en los mercados populares de China o India. La realidad es que
nunca sabremos el origen de la pandemia, porque detrás de esa verdad estarán
los intereses de quien la diga y de quien la escuche, dependiendo de su
coincidencia con lo que se quiere probar torciendo la realidad para uno u otro
lado. Los políticos, quienes al final serán los voceros de “la verdad” nunca
dicen LA VERDAD porque si lo hicieran no estarían en el poder. Ya lo dijera Nietzsche
estudiando la historia y su contemporaneidad y lo aplicara con éxito Goebbels en
la Alemania Nazi y de él en adelante todos los aparatos de propaganda de las
sociedades modernas: “La verdad es la mentira más eficiente”. Habrá, eso sí,
muchas verdades y cada uno de nosotros creerá la que más se aproxime a su
creencia previa o a su ignorancia y en este asunto casi todos somos ignorantes
o tenemos sesgos cognitivos. Los pocos que podrían dar respuesta al
interrogante tristemente también responden a los intereses del poder.
Las pandemias no son una novedad, la humanidad las ha sufrido
siempre: Peste Antonina, Peste Negra, Cólera, Gripe Española, Fiebre Amarilla,
SIDA. Sin entrar en detalles de la vida misma, toda la vida en el planeta, que
ha estado a punto de extinguirse por completo al menos cinco veces a lo largo
de los últimos 500 millones de años de historia natural de la que tenemos
registro fósil y que ahora parece entrar en un nuevo ciclo de destrucción
masiva, esta vez por la acción directa y depredadora del Homocapitalistus , voraz criatura que en su afán de consumirlo todo
está acabando con el planeta que pareciera querer defenderse eliminando al
depredador humano con un virus microscópico.
A propósito de la rápida evolución de esta pandemia recuerdo
con dolor que hace poco menos de
cuarenta años cuando el SIDA apareció, cuando los muertos también se contaban
por millares y rápidamente por millones (a la fecha según estadísticas de
Onusida han muerto unos cuarenta millones de personas y siguen muriendo a razón
de un millón por año) no hubo ninguna reacción de los gobiernos, eran otros
tiempos y otras las características del virus dirán los que pretendan
desvirtuar mi comparación, pero la verdad es que si los gobiernos no
intervinieron y no hicieron nada para encontrar una vacuna o un medicamento
efectivo dejando a los enfermos morir fue porque los que morían, en principio, eran
homosexuales, drogadictos y putas; selección natural la llamaron algunos. Yo
tenía veinte años y ya había asistido a mas funerales que mis abuelos. Mis
amigos morían y los gobiernos del mundo callaban, tuvimos que organizarnos,
tuvimos que reafirmar nuestra existencia y nuestro derecho a vivir para empezar
a ser oídos mientras que la sociedad indolente nos apartaba, nos discriminaba,
nos obligaba a renegar de nosotros mismos, nos echaban de nuestras casas y
nuestras propias familias nos aislaba o nos obligaba a comer en platos marcados.
Algo de eso queda hoy cuando en todo el mundo se ven imágenes de profesionales
de la salud estigmatizados en privado mientras en público son aplaudidos o
cuando algunos gobernantes deciden prohibir la salida de los mayores de setenta
o marcar las casas de los enfermos de Covid19.
Para terminar con el SIDA y volver al virus de ahora, seguimos
sin vacuna porque los laboratorios en su lógica capitalista y con la
complicidad de los gobernantes que nunca hicieron nada, convirtieron la
enfermedad en un negocio multimillonario en el que la tasa de mortalidad es
inversamente proporcional al PIB del lugar en donde se viva, o mejor, del lugar
en el que el virus te condene a morir, porque no es lo mismo ser portador del
VIH en Kinshasa que en Los Ángeles.
Este virus de ahora, el corona, parece ser menos selectivo,
pero es solo el principio, ya veremos como las desigualdades sociales también condenarán
o salvarán a quienes puedan pagar, ya hay millonarios que compraron sus propios
respiradores. Algunos ya eran virtualmente dueños de hospitales con sus
millonarios aportes, visite cualquier página web de hospitales públicos o
privados en EEUU (en algunos incluso en la misma entrada del hospital) encontrará los nombres de estos millonarios
que previa exención impositiva han contribuido “desinteresadamente” al
mantenimiento del hospital de su región, ¿si uno de estos millonarios necesita
un respirador a quien creen que atenderán primero? Yo por mi parte sigo
fumando, parece ser que la nicotina es bastante efectiva contra el virus a
juzgar por las bajas tasas de hospitalización y morbilidad de los fumadores
allí donde las estadísticas han descubierto esta extraña correlación: China,
Francia, Alemania y EEUU.
De un momento a otro esas mismas imágenes que nos resultaban
lejanas ya no lo eran tanto porque Italia y España empezaron a ser los centros
de la pandemia, luego se le sumaron Francia y Alemania y cuando menos lo
pensábamos el virus ya estaba en nuestro lugar de residencia cualquiera que
este fuera. Pasamos entonces de la típica indolencia de quien ve el dolor ajeno
por las noticias al temor de ser víctimas nosotros mismos. Algunos gobernantes
se apresuraron a negar lo evidente, otros incluso desafiaban las probabilidades
estadísticas y la experiencia histórica afirmando que todo iba de maravilla en
sus países; Trump, Bolsonaro y Johnson de manera irresponsable se convirtieron
en los negacionistas mas representativos y hoy las sociedades que ellos
gobiernan sufren las consecuencias de su probada ineptitud. El mismo Boris Johnson
resulto infectado y tuvo que cambiar de actitud, Trump le siguió los pasos y de
afirmar que todo estaba bajo control ahora parece estar muy preocupado por las
consecuencias económicas, lo único que parece importarle al millonario, misógino
y racista gobernante del imperio, y que probablemente será reelegido en
noviembre porque en el restrictivo sistema electoral bipartidista de EEUU los
demócratas se empeñan en elegir los peores candidatos posibles. Mientras tanto Bolsonaro fiel a sus orígenes
militaristas y autoritarios acaba de despedir a su ministro de salud quien
apoyaba las medidas de confinamiento emprendidas por algunos gobernadores
estatales ¿A la luz de los probados desaciertos de los gobernantes,
cuestionarán los pueblos la estupidez colectiva que mantiene los Estados? Lo
dudo.
Sin embargo y ante la incertidumbre que provoca la pandemia
parece ser que no hay respuesta perfecta. Si bien el confinamiento obligatorio
y el aislamiento social sirven para “aplanar la curva” lo único que logran
estas medidas preventivas es ganar tiempo para tratar de estar mejor preparados
a fin de enfrentar lo inevitable, tarde o temprano allí donde estamos
confinados tendremos también altas tasas de mortalidad aunque probablemente
menores a las que se darán en aquellos lugares en donde las medidas
restrictivas fueron nulas, tardías o insuficientes, dependiendo por supuesto de
la capacidad de respuesta del sistema de salud. Claramente el mundo no estaba preparado para
esto y fallaron todos los que pudieron hacer algo para evitarlo. Pero no es
casual que no estemos preparados, son décadas de neoliberalismo que han
convertido la salud y la muerte en un negocio desmantelando lo poco que se
había avanzado en sistemas de seguridad social solidario. Ante el
envejecimiento de la población la respuesta siempre ha sido aumentar la edad de
jubilación para que la muerte llegue poco después de terminar nuestro ciclo
productivo. Vida y muerte controlados por el Estado de acuerdo a la lógica capitalista.
Hace algunos años la entonces presidenta del FMI Christine Lagarde afirmó sin
pestañear que los viejos vivían mucho y que había que hacer algo al respecto,
no sorprende pues que dentro de las muchas teorías conspirativas que hoy se
difunden se citen sus palabras como premonitorias de lo que está ocurriendo.
Es válido también preguntarse el papel de la OMS que paso del
“todo está controlado” y felicitar a las autoridades Chinas al “cuidado hay que
hacer algo”, solo falta que salga a decir “Nos llevo el putas” o en porteño
“todo se fue a la mierda”. En su defensa podría decirse que al tratarse de un
organismo consultivo poco o nada pudo hacer para cambiar el rumbo de los
acontecimientos. Allí donde las decisiones las toman los políticos los
científicos solo opinan y recurriendo a la metáfora escatológica ya sabemos
para qué sirven las opiniones.
Mientras no aparezca una vacuna, un tratamiento efectivo o
una inmunización natural colectiva parece ser que tendremos que convivir con el
virus durante mucho tiempo. Los abrazos y los besos ¿acaso el sexo también?
serán recuerdos del pasado, que triste mundo nos espera si solo podemos
manifestar nuestros afectos con emoticones y liberar nuestra carga sexual con
ese pobre sucedáneo tecnológico llamado cibersexo. ¿Dejara de ser pecado
masturbarse? ¿Aumentará la venta de dildos? ¿Desaparecerá la prostitución? En
menos de dos meses la cantidad de usuarios de una página porno web, con
características cercanas a una forma de prostitución virtual, llamada “onlyfans”
se ha duplicado.
Los medios de comunicación otra vez dan muestras de ser
simples cajas de resonancia del poder de turno, informan o desinforman
dependiendo de los intereses que defiendan. Si no fuera porque las redes
sociales son peores a la hora de informarse de asuntos serios habría que apagar
los televisores y no volver a leer diarios. En EEUU “Fox News” defiende a Trump
y todo lo que los republicanos digan o hagan y CNN hace lo propio en relación
con los demócratas, no importa que a la velocidad que se producen los hechos
unos y otros se contradigan. En España “El Pais” y TVE defienden todo lo que
Pedro Sánchez dice o hace, tibiamente critican las posiciones del PP, Ciudadanos
y Vox y abiertamente siguen atacando lo que Podemos y los demás partidos de
izquierda proponen. En Argentina los conglomerados económico mediáticos del
grupo Clarín y Nación encuentran fisuras en la respuesta del gobierno Nacional
y se inventan divisiones, la sombra de Cristina no los deja tranquilos. Si ella
habla dicen que habla mucho y le marca la cancha a Alberto, si calla preguntan
porque no habla. Mientras que al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que es
lo único que les queda, lo tratan con guantes de seda y alaban cada tontería
que se inventa como la de obligar a los mayores de setenta años a pedir permiso
a las autoridades cada que quieran salir de sus casas. En Colombia las noticias
las dicta el régimen y todo va de maravilla según El Tiempo, Semana, El Espectador,
Caracol y RCN. En Alemania DW Noticias minimiza los errores de la Unión Europea
y Angela Merkel es poco menos que una heroína. En el Reino Unido la BBC, “The
Times” y hasta “The Guardian” aplauden que la reina haya aparecido en la
televisión fuera de su tradicional saludo navideño para advertirle a sus
súbditos que desde la Segunda Guerra mundial no se habían enfrentado a un
enemigo tan peligroso. ¿De verdad? ¿Más temible que los bombardeos de los
nazis? Claro, como ella estaba a salvo en su castillo es más probable que la
mate el Covid19 que una bomba en aquellos días. Y no sigo con los medios por
que no hablo ni húngaro, ni ruso, ni los otros cientos de idiomas y dialectos
que se hablan en el mundo, pero creo que esta puede ser una muestra representativa
del tratamiento de los medios, eso sí, todos coinciden en algo: el número de
contagiados y muertos. Al principio incluso tenían un contador en las pantallas
que actualizaban segundo a segundo como si fuera el conteo regresivo para el
apocalipsis. De seguro les llamaron la atención y les dijeron que eso generaba
pánico en la población, por eso lo eliminaron.
El vertiginoso devenir de los acontecimientos ha convertido
la humanidad en un hervidero de pasiones, dicen algunos que ha sacado lo mejor
y lo peor de la condición humana, yo no lo creo, a mi más bien me parece que ha
exacerbado los ánimos ya existentes. Por supuesto hay personas que se esfuerzan
en ayudar a los más débiles, hay gobiernos que intentan paliar el dolor de los
postergados y otros que indolentemente miran para otro lado. Los que tenemos la
fortuna de vivir en edificios con techos salimos a nuestros balcones (los que
tienen balcones por supuesto) a aplaudir a quienes ahora se echan al hombro las
labores más riesgosas para que algo del tejido social se mantenga. Pero estos
aplausos esconden una realidad incuestionable, a quienes hoy nos salvan los
hemos maltratado inmisericordemente durante mucho tiempo y ni los aplausos ni
la gratitud de ahora podrán compensar el maltrato del que hemos sido como
mínimo cómplices con nuestro silencio. ¿Recuerdan cuando los trabajadores de la
salud salían a las calles pidiendo aumentos de sueldo, disminución de horas,
mejores condiciones de trabajo? ¿O cuando los recolectores de basura iban a la
huelga como última opción ante sus justos reclamos? ¿Que hacíamos los
aplaudidores de hoy en aquellos días? Nos quejábamos de la falta de consideración
de ellos para con nosotros. ¿Cuantos de nosotros apoyamos sus reclamos haciendo
abstracción de nuestras pequeñas incomodidades de movilidad? Ojala, aunque lo
dudo, algún día entendamos quienes son los que de verdad importan en nuestras
sociedades. Es la clase obrera, urbana y rural, la que mantiene el mundo en funcionamiento,
los demás somos parásitos consumidores.
Por fortuna el mundo ya no depende de los dioses ni de sus
seguidores, de lo contrario ya hubieran matado todos los murciélagos y pangolines
como cuando antes y durante la peste negra mataban a los gatos porque según los
fanáticos de entonces, que no se diferencian mucho de los de ahora, eran
animales demoniacos .Luego se comprobó que el virus era transmitido por las
pulgas que ante la proliferación de ratas, vaya ironía, aumentaron
exponencialmente por la matanza indiscriminada de los diabólicos gatos.
Hoy, muy a pesar de sacerdotes, predicadores, imanes y
rabinos; dependemos de la ciencia para dar solución a este problema y pronto, pero
no tan pronto como quisiéramos, tendremos o bien una vacuna o un tratamiento
efectivo. Sin entrar en detalles de la posibilidad que otros expertos
contemplan de una inmunización colectiva que se daría de manera natural.
Sin embargo cualquiera sea el resultado nada podrá eliminar el virus más letal que carcome la
humanidad: la ignorancia y la complacencia con la misma. Seguiremos consumiendo
la misma basura en formato televisivo que seguirá aumentando nuestra ignorancia
colectiva convirtiendo nuestras sociedades en unas “idiocracias” más peligrosas que este o cualquier virus futuro.
Y tú clasemediero típico que creías estar cerca de los ricos
que defiendes e imitas y por los que votas cada cuatro años, ¿ya te diste cuenta
que estas a dos semanas sin ingresos de ser pobre como aquellos que desprecias?
A ver si el Covid19 te hace tomar el lado correcto en la lucha de clases. Entiéndelo
bien de una vez y para siempre: eres un poquito menos pobre que los pobres que
desdeñas y nunca, por mas que lo intentes, dejaras de serlo. La riqueza no es
meritocratica, ese es el cuento neoliberal que te creíste.
Hoy mientras editaba este texto releo lo que he escrito y me
parece insulso, inútil, poca cosa comparado con lo que está ocurriendo en el
mundo. Qué más da quien esté en el gobierno, qué más da lo que los medios digan
o dejen de decir, o que el virus haya salido de un laboratorio o no. Nada, esto
es más grande y más grave que cualquier discurso, análisis o predicción y al escribir
esto sé que me contradigo, pero es que el mundo se está yendo a la mierda, los
peores temores son pocos comparado con lo que puede ocurrir. La última gran depresión, la de los años
treinta del Siglo XX fue una de las causas del avance del fascismo al que le
siguió la Segunda Guerra Mundial y visto
lo visto y a juzgar por los acontecimientos que se suceden día tras día ese
camino no parece improbable. Los halcones dejan ver sus garras y la gente
parece dispuesta a obedecer ciegamente lo que sus gobiernos pidan, ya sé que
quedarnos en las casas pareciera la única salida, pero ¿por cuánto tiempo?
¿Hasta cuándo tendremos que vivir confinados poniendo nuestras vidas en estado
de contingencia permanente? En algunos
lugares ya empezaron a marcar a las personas contagiadas o que tienen contacto
con contagiados. Ya en China ensayaron un control absoluto a través de los
dispositivos electrónicos que les informa en tiempo real a las personas que
pudieron tener contacto con alguien que salió positivo en la prueba. Ya los
economistas empiezan a preparar el terreno del cataclismo financiero, pronto querrán
que salvamos otra vez la banca porque
quien carajos va a pagar sus deudas si no tiene ingresos (personas, empresas,
burocracias, países) Soñar no cuesta nada, ya lo están proponiendo. Borrón y
cuenta nueva, que todas las deudas se condonen, que nadie le deba nada a nadie
y empecemos de nuevo, reiniciemos esta
economía basada en la deuda y dejemos de vivir hipotecando el futuro, porque
contraer deuda es vivir esclavo de la obligación de pagar. Es, junto con el
trabajo asalariado, la más avanzada y perfecta forma de esclavitud, deuda y
trabajo se retroalimentan para que sigamos como hámsteres en una rueda
imparable, bueno, ni tan imparable, parece que un virus microscópico pudo
detenerla al menos temporalmente. Los únicos que siempre ganan son los dueños
del capital financiero, que asuman la caída de su castillo de naipes esta vez.
Yo no sé si esto del
virus fue planeado, lo dudo, la naturaleza no necesita ayuda para crear y
extinguir vida. Pero lo que sí se puede planear es lo que vendrá después, y si
no lo hacen los pueblos lo harán los dueños. Si nos embarcaron en la
globalización, la libre circulación de capitales, mercancías y de personas
(solo las del norte hacia el sur, las que van en sentido contrario no son
deseadas ni bienvenidas a no ser que recojan las cosechas y regresen a sus
países tan pronto lo hagan) si nos hicieron creer en la teoría del derrame, si
nos convencieron que había que privatizarlo todo, que todo se podía vender y
comprar y que todo tenía un precio y que este era más importante que el valor.
Si la solidaridad empezó a ser sospechosa y el egoísmo y la codicia se convirtieron
en virtudes. ¿No será que estas mordazas que hoy nos ponen con la excusa de la
salud serán también las mordazas que, mañana cuando tengamos que salir a las
calles, nos obligaran a callar? Dicen que el mundo no será el mismo después de
esto, por supuesto que no va a ser el
mismo, tal vez de nosotros dependa que la normalidad a la que ellos quieren
volver no vuelva a ser la nuestra, porque no queremos seguir viviendo para con
suerte llegar a fin de mes, ya pudimos comprobar que todos estamos a un mes de
caer en la indigencia, porque esos auxilios desesperados que hoy entregan los
gobiernos a manos llenas, en dinero, en especie, en exenciones, son las
limosnas que nos tiran desde sus castillos que se caen a pedazos para que
sigamos haciendo rodar la rueda de su bienestar que quieren hacernos creer que
es el nuestro. Nos dicen que todos estamos en el mismo barco para que sigamos
remando, pero quienes en realidad reman son los oprimidos de siempre, quienes
hacen rodar la rueda de la economía son los obreros, las campesinas, las tenderas, los recolectores de basura, los
reponedores, las cajeras del supermercado y una larga lista que no incluye a
los que pueden quedarse cómodamente en sus casas a maldecir el confinamiento y
escribir sus impresiones como yo mismo ahora lo hago.
No quepa duda, si no nos oponemos nos harán pagar con sudor e
incluso con sangre de ser necesario las deudas impagables que dejara la
depresión económica que ya se vislumbra.
Y vuelvo a leer lo escrito y resulta que ya no estoy tan
seguro de lo que escribí y de las posiciones que defendí. Ya llevamos un mes
encerrados, los que podemos encerrarnos, hay un montón de gente que no puede
darse el lujo de encerrarse, les llaman “trabajadores esenciales”, con este
eufemismo queda claro que el resto de trabajos no son necesarios para que la
sociedad funcione. Cuando vaya al supermercado tenga en cuenta que quienes
hacen posible que usted siga comiendo son ellos y ellas, los trabajadores
precarizados y mal pagos que ahora además arriesgan su salud y su vida mientras los dueños siguen llenándose los
bolsillos. Parece que Marx tenía razón cuando decía que el último burgués venderá
la soga con que le ahorcarán.
Pero volviendo al virus este que nos está jodiendo la vida a
todos, sigo convencido que la medida de confinamiento ha sido necesaria para
preparar la asistencia sanitaria y disminuir los contagios, ahora en aquellos
lugares en los que se tomaron estas medidas el pico de casos y de muertes se ha
corrido un mes, obvio, si no hay contacto entre humanos la epidemia no se puede
propagar. Pero ¿hasta cuándo tendremos que mantener el confinamiento? No parece
haber una respuesta adecuada a esta pregunta y a juzgar por las medidas
adoptadas, los bandazos en una u otra dirección dados por los gobiernos, la
falta de unidad de criterios, las opiniones no vinculantes de la OMS, parece
que nadie asume responsabilidades y luchan por ganar tiempo y la verdad es que
ese tiempo que los gobernantes ganan no parece ser más que una forma, insisto,
de postergar lo inevitable, entonces ¿cuánto tiempo tendremos que seguir postergándolo?
¿Tendremos que confiar en las farmacéuticas y los gobiernos, los mismos que
ante las múltiples advertencias de que esto iba a ocurrir nunca hicieron nada
porque no resultaba rentable prevenir en medio de la lógica capitalista de la
mayor utilidad, en el menor tiempo y al menor costo? Hace diez y ocho años con
la aparición de otro coronavirus del que ahora nadie habla y al que llamaron
SARS (el de ahora es otro SARS mas contagioso pero menos letal en proporción al
número de contagios) la humanidad estuvo
muy cerca de lo que hoy vivimos, los científicos advirtieron del riesgo y
exhortaron a los gobiernos y las farmacéuticas a trabajar para estar preparados
y nadie hizo nada. Si de buscar culpables se trata, en vez de apuntar al murciélago
o al Pangolín, debiéramos señalar a los gobernantes que siguieron desmantelando
la seguridad social con recortes en sus presupuestos y a las farmacéuticas que
siguieron desarrollando medicinas para que tuviéramos erecciones en lugar de
tomarse en serio las advertencias de la comunidad científica que tuvo que
lidiar con los catastróficos resultados de aquella pandemia. Ahora ya es tarde,
los gobernantes fallaron y esconden sus errores culpándose unos a otros, la
humanidad nunca ha sido su prioridad, ellos solo han sabido enriquecer a sus
amos, los dueños del capital, farmacéuticas incluidas. Ahora nos obligan a
vivir encerrados hasta que encuentren una vacuna o se mueran los que tengan que
morirse, no parece haber mas alternativas. Pero cabe preguntarse si en este afán
por contener el virus no estaremos condenando a la humanidad a una depresión peor
que la que se vivió en la década de los treintas, a una hambruna de
proporciones inimaginables y a terribles guerras por el control de lo poco que
vaya quedando en pie. No habrá vuelta a la normalidad, la normalidad se acabó y
asistimos a cuentagotas a un nuevo orden. Tal vez morirse ahora no sea tan malo
después de todo.
En Francia intentan descifrar porque los fumadores tienen
menos contagios y complicaciones que los no fumadores, una extraña correlación
que ya había sido advertida en China y Alemania. Mientras tanto en Sudáfrica prohíben
cigarrillo y alcohol. Esto me hace recordar otra vez aquella pandemia rentable
y olvidada, el SIDA. En sus orígenes todo era contradictorio y los únicos que sabíamos
lo que de verdad ocurría éramos quienes asistíamos a los funerales de nuestros
amigos (mientras ahora los ancianos son dejados a su suerte, mueren solos,
rodeados de desconocidos y son incinerados o enterrados en fosas comunes)
nosotros, a nuestros amigos, pudimos acompañarlos en su final y enterrarlos con
dignidad mientras sus familias los abandonaban. Luego íbamos a la discoteca
porque la vida tenía que seguir, éramos jóvenes, sabíamos que corríamos riesgos;
pero los besos, los abrazos y sobre todo el sexo nunca se detuvieron. Un día
supimos que el condón era efectivo para evitar el contagio y lo empezamos a
usar, pero no por ello dejamos de vivir, algunos murieron, otros sobrevivimos,
no me siento culpable por haber sobrevivido y treinta y cinco años después sigo
llorando mis amigos muertos que siguen siendo, al igual que en aquellos días, numéricamente mas que los vivos. Tal vez de esta epidemia
nos salvemos también ¿pero a que costo? Si el costo es el de convertirme en un
ciborg que solo puede manifestar sus afectos con emoticones y a través de
pantallas, lo siento, no me interesa. Si el costo es tener que dejar el sexo
frecuente y con tantas parejas como mi deteriorado cuerpo pueda aguantar, lo
siento, tampoco me interesa. Si el costo es tener que vivir confinado en estas
cuatro paredes y percibir el mundo a través de las pantallas, lo siento,
tampoco me interesa. Si tengo que vivir con temor prefiero morir con dignidad. Si
prolongamos el confinamiento indefinidamente seguiremos ganando tiempo para que
se contagien y mueran menos personas pero ¿es esta la vida que queremos? Los que
podemos encerrarnos encerrados, los que tienen que trabajar trabajando,
arriesgando su salud porque su labor es esencial para que los otros podamos seguir
confinados. ¿Vamos a seguir viviendo con miedo al contagio o aprenderemos de la
generación que sobrevivió al SIDA?
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A través de tus palabras se expresan mis pensamientos y sentimientos y, estoy seguro, los de mucha gente. Cómo no compartir sobre todo, por quienes no tienen la fortuna de haber contado con un amigo como tú.
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